Entrevista BIOGRÁFICA A FONDO a Antonio García Trevijano 5ª

2018-07-20 Tercio Laocrático 52:15 YouTube ↗
Entrevista BIOGRÁFICA  A FONDO  a Antonio García Trevijano 5ª

Transcripción

Locutor 01

A fondo con Enrique de Diego. Pues hubo un hombre, un opositor al franquismo que estuvo a punto de dejar su brillante carrera, su situación económica desahogada para pasar a ser obrero de la SEAT. Es don Antonio García Trevijano. Buenas noches.

Locutor 00

Buenas noches, don Enrique.

Locutor 01

Luego hablaremos de eso, pero le voy a pedir para entrar en materia a don Antonio que nos describa un poco, según su opinión o según su conocimiento de la historia en primera persona, un poco la situación, el panorama, el paisaje de la oposición al franquismo. Ahora, para los jóvenes, me va a permitir este comentario. Parece que todo estaba lleno de antifranquistas, pero que es que no se conocían unos a otros.

Locutor 00

Sí, en efecto. La oposición al franquismo adquirió cierta relevancia social, es decir, numerosa, en los años 74 y 75, y ya ha vuelto franco. Pero antes eran residuos, eran prácticamente inexistentes. La única oposición que era conocida era la del maquis, que era... que duró hasta mediados, casi final de los años 50, hay una anécdota graciosa, graciosa porque inocua, pero que revela la mentalidad de los años 40. Yo era estudiante en la Universidad de Granada y vivía en un chalé con mis padres fuera de la ciudad y se iba en tranvía. Yo estaba esperando el tranvía, era ya de noche, y noté que había dos personas que me seguían, porque yo no estaba advertido ni tenía ninguna precaución, pero me paré delante de un escaparate para en el espejo ver si efectivamente eran seguidos. Y estando de espaldas, me cogieron fuertemente por los brazos, los dos eran dos policías. Entonces me dijeron, nada, queda usted detenido. Yo no sabía por qué, yo tendría 18 años. Y entonces me dicen que usted pertenece al maquis y tal, lo conocemos. Era tan raro que dije, bueno, pues venga usted a la parada del tranvía y allí verá como la gente que se monta en el tranvía me conoce todo el mundo. Me llamó fulano de tal. Mi padre es tal y vivo en la chalé tal. Bueno, allí fueron los policías y cuando comprobaron que se habían equivocado, pues se fueron. Pero ese revela el clima que había de persecución, de pánico. Eso fue en Granada en el año 1946. Bien, pero usted me pregunta, más avanzado, cuál era la posición...

Locutor 01

¿Con quién contaba usted?

Locutor 00

Entonces, yo en la universidad ya, desde luego, antes de la universidad incluso hay otra anécdota que contaré. Yo estudié el último curso de bachillerato en el Instituto Francisco Suárez, el filósofo del barroco. Y allí había todavía, en el año 44 y 45, Todavía se entraba, aunque las clases empezaban a las 9, había que entrar a las 8 para asistir a una misa obligatoria y cantar el carafal y dar la bandera. Yo no podía soportar aquello y un día hice una travesura de la que no di cuenta nadie porque ya yo entonces sabía que incluso el peligro estaba en que lo que hiciera el contable a alguien era lo peligroso. Yo no lo conté a nadie. Un día me subí en el patio donde se... Reunían las clases y cantaban y se daba la bandera. Era un patio de dos pisos y en el piso segundo, que era grande, con grandes ventanales, se recogían en unos cubos la basura y se dejaba depositada para cuando el toque había terminado y pasaba para retirarlo. Entonces yo un día me fui arriba, me escondí, no asistí como es natural a la misa. ...ni a la... ...paso de... ...de... ...nombre de filas... ...a la lista... ...y cuando estaban cantando el calzón... ...y grabando la bandera... ...justo... ...la ventana que estaba encima... ...la ventana era en alta... ...y por lo tanto... ...yo podía manejar los cubos... ...sin que se viera quién lo estaba haciendo... ...y tiré el cubo de basura... ...lo tiré encima de... ...de la formación... ...y del acto de iniciar la bandera... ...como ya antes había previsto la retirada... ...dejé abierto por ahí de prisa... ...una... una ventana que daba a la calle posterior del instituto, y por un canal, ayudado por un canal, me bajé a la calle, di la vuelta al jardín y me presenté enseguida en la puerta para entrar, como si llegara entonces, estaba cerrado, ya había policía, fue un escándalo tremendo, llegaron a abrir, una inversión, jamás se supo quién había sido. Luego, bueno, eso es lo primero que recuerdo, sí, de cierta importancia, que yo tenía 16 años, y luego ya en la universidad, ...era poquísima, la actividad era casi imposible... ...solamente algunos... ...muy en secreto hablaba, sí, pero no, no... ...aunque mi formación... ...en la biblioteca yo no seguía los textos... ...de los profesores... ...especialmente los de Derecho Político, claro... ...era Sánchez Angesta... ...eran carcas... ...lo que explicaban era Santo Tomás y mal explicado... ...y yo me formaba en la biblioteca buscando libros... ...prohibidos, que no existían... y ya ahí adquirí unos conocimientos bastante profundos sobre el derecho político, pero en otros textos. Cuando yo tenía el inconveniente que no me había estudiado los textos y los exámenes, solían ser por escrito, como yo tenía matrícula de honor en el bachillerato, pues también estaba escrito de manera gratuita en todas las clases, y los profesores tenían la lista, entonces se ocupaban bien de lo que hacían las personas. los alumnos que tenían matrícula de honor. Yo hacía el examen por escrito y recuerdo, por ejemplo, uno que hice, Derecho Político, con Sánchez Gesta, puso un texto en la pizarra y había que decir, comentar el texto y hacer posible decir de quién era. Y yo nada más que ver el texto lo conocía casi de memoria por mi lectura en la biblioteca. Era un texto de Montaigne y no solamente, claro, lo califique, dije dónde era la obra, y todo lo que significaba, lo que era el escepticismo intelectual, que no tiene nada que ver con el escepticismo moral. Entonces, claro, me daban premios extraordinarios y los catedráticos comentaban entre ellos, a mi oído llegaba, dice Trevijaro, no viene nunca a clase, es para suspenderlo, pero luego hay exámenes, que no hay más remedio que darle matrícula de honor. Así que ya en los estudios yo procuré salirme del ambiente del franquismo. Quiero usted que continúe luego.

Locutor 01

Sí, hay oposición democrática al franquismo.

Locutor 00

Sí, bueno, después de la universidad hago oposiciones y saco relativamente... Primero hice unas oposiciones muy difíciles a la dirección general de los registros del notariado. Y la verdad es que fue muy brillante, pero me retiré. Fue muy brillante mi actuación. pero al final no conocía bien un tema y me retiré, no quise hacer el peripede que era un simulacro aquello. Luego hice notarías y las saqué también a la primera bien, y ya de notario, ahí sí ya empecé a tener una actividad buena, porque por ejemplo yo estuve destinado a la primera, el destino fue Montalbán, y allí había una gran actividad industrial, porque estaba al lado de las Utrillas, donde residían las minas de carbón, donde estaban las minas de carbón, y allí había un gran movimiento de camioneros y de obreros, de mineros. Y yo tuve mucho contacto con ellos. Y hice amistades con... Porque era donde únicamente... Pero tenían mucho miedo. Tenían casi más miedo que los señoritos. Aunque los señoritos no eran antifranquistas. Pero era muy difícil encontrar un ambiente... Había ingenieros también de repoblación forestal. que la gente culta era intelectual, pero tenían muchísimo miedo. Y cuando yo consideré que ya había, que ya tenía una formación buena de conocimiento de las clases obreras, industriales, de transportes, comunicación, yo en aquel tiempo lo dediqué fundamentalmente al estudio de la economía. Yo ya antes, durante la universidad, Y antes de ser notario yo ya había llegado a tener un conocimiento muy sistemático y completo de los grandes teóricos de la economía, de los clásicos, desde Condillac hasta los modernos. Y entonces pensé que tal vez me hiciera un bien matricularme en económicas. Entonces venía a Madrid y yo ya tenía un coche fabuloso que lo había comprado con mi primera minuta de notario.

Locutor 01

El mítico Pegaso.

Locutor 00

El mítico Pegaso. Pues en Madrid me matriculé en Economía, pero luego no asistí porque me di cuenta que era una pérdida de tiempo comparado con la velocidad en la que yo me iba formando en la práctica, con el conocimiento directo de la realidad económica. Yo conocía el régimen también, que sabía que sus estructuras no podían ser derribadas nada más que por un potente movimiento obrero, que la burguesía jamás haría nada contra el régimen, porque el régimen de Franco... en realidad era una caricatura de Europa. Claro que no había las libertades que tenían los europeos, libertades personales, individuales, pero en el fondo era lo mismo, era el mismo derecho civil, las mismas costumbres, la misma manera de vivir, lo mismo, solo era una dictadura porque nadie podía dedicarse a la política nada más que dentro de los cauces que abría el régimen. Pero lo demás era que la sociedad civil era la misma que en Europa, un poquito más atrasada o mucho más atrasada, pero era igual. Y yo entonces me di cuenta que la única manera de derribar eso estaba en la formación de un potente movimiento obrero que se opusiera a la dictadura.

Locutor 01

Ahí surge, que es uno de los pocos fuertes de contestación al régimen, comisiones obreras, entiendo.

Locutor 00

Pero antes, sí, comisiones obreras al principio, antes de que ya fuera famoso Marcelino Camacho y otros posteriores como Julián Ariza, García, que tuvo 20 años encarcelado, antes de que estas personas fueran famosas y se merecían la fama por su enorme capacidad de sacrificio y de lucha, ya había tenido, la Comisión Obrera había elegido la táctica de infiltrarse en los sindicatos verticales. Si lo que pretendía era derribar, más que derribar, transformar el régimen desde dentro. Y esa táctica a mí me pareció curiosa, interesante, aunque yo veía que era peligrosa, que eso podía más bien terminar haciendo un movimiento obrero que en el fondo luego no supiera lo que es la libertad política, no la apreciara. Entonces de ahí surgió el Comisiones Obreras, pero yo tenía mucho interés y en aquel tiempo me dediqué años al estudio de todo el movimiento obrero en el mundo, todos los libros de... Los movimientos obreros, las luchas de clase, eso lo leí todos. Y sacaba notas tácticas para ver cómo. Y llegué a la conclusión de que no había nadie, ningún movimiento obrero que pudiera ser independiente y para derribar al régimen político de Franco. Y entonces pensé seriamente que la única manera de lograrlo sería si yo, que tenía tantos conocimientos de la historia del movimiento obrero en el mundo y de la economía que me dedicara de verdad, en la clandestinidad a fundar un movimiento obrero, pero se daba cuenta que siendo notario y con el nivel de vida que tenía eso era imposible, porque la gente confunde el nivel de vida con las ideas y cuando ven a una persona rica o que tiene síntomas externos de riqueza, consideran que esa persona es de derechas o reaccionario. Esto pasa incluso en los momentos revolucionarios. tanto en Francia como sobre todo en Rusia, pues hubo muchos revolucionarios que eran, que fueron verdaderos, que eran gente de élite y que tenían dinero, y sin embargo, y banqueros, y que tuvieron la revolución. Por eso el que está cerca de ellos ni lo comprende, ni puede entender esa situación. Entonces yo decidí que la única forma sería abandonar la notaría, cambiar de nombre, ponerme otro nombre y otro apellido, yo estaba soltero, y ingresar en una empresa fuerte donde tuviera por venir organizar dentro de ella un moderno movimiento obrero que no obedeciera a los cánones de organización del anarquismo ni del comunismo sino que fueran ya sindicatos de empresas y pensé que lo mejor que la más preparada para eso era la empresa SEAT tomé contacto con un abogado del Estado que se llama Luque, no sé si vive, porque no tomé, no sé qué después con tanto con él, Luque, que estaba destinado en la SEAT de Barcelona. Y, no sé, era un hombre muy conocedor del latín, porque me dio, yo lo, me lo presentó Rafael Calvo Serer, y yo no sé si sería de la PUDEI o no, pero era un hombre muy docto en latín, porque me dio para que yo leyera un trabajo que tenía él sin publicar, Y lo vi y leí, era una maravilla de erudición de Roma y del conocimiento del latín. Bien, el hecho es que este hombre se decidió a ayudarme y lo hizo. Y le dije que yo no quería saber, nada más que cuando me diera el pasaporte y el carnet de identidad con un nombre, entonces vería yo cómo llamaba. Pero yo no quería darle ninguna sugerencia, para que no partiera de mí y no pudiera haber ninguna pista. Bien, estando ya en la preparación de este paso trascendental en mi vida, porque el único... el único reproche, no reproche, el único inconveniente que me puso este abogado del Estado, es decir, que estaba muy bien todo pensado y que le parecía bien, pero que el peligro es que me enamorara de una obrera. Y yo me acuerdo que le reí, si me enamoro, no hay diferencia entre una obrera y una millonaria, y si no estoy enamorado es seguro que no me caso con ella. Bueno, me reí, eso fue, pero en cambio fue una premonición, porque menos de tres meses después de esa conversación, Y cuando yo estaba esperando que me entregara la nueva identidad, conocí a mi mujer, una francesa, que la conocí porque su hermana estaba casada con un amigo mío, y la conocí en una cena, y me enamoré en el acto de ella, pero en el acto, y tres meses después estaba casado. Entonces, desde ese momento yo ya no podía sacrificar a una parisina a que viviera la vida obrera, puesto que ella no... No tenía la pasión que yo tenía por la política, aunque ella había votado al Partido Comunista en Francia y era una mujer de izquierda, muy culta y una mujer de izquierda. Esa es la historia de mi frustrada ambición de haber creado algún sindicato importante en España. A la vista de que ya no podía, me entregué por completo a ayudar a Comisiones Obreras. Y ahí es la pregunta, que es la que usted me hace.

Locutor 01

Hay que decir que usted convierte un poco su despacho como refugio y también ayuda u organiza un congreso o reunión de comisiones obreras, que al comienzo no solo son comunistas los que la fundan, sino que parece que hay cierta pluralidad. Me suena, por ejemplo... que es Zeferino Maestu, que es falangista de izquierdas, también estuvo en la fundación y también gente de inspiración cristiana.

Locutor 00

Sí, pero no es la cronología, claro, hay que tenerla en cuenta porque de ella depende todo. Zeferino Maestu yo no lo conocí, pero sabía que había sido uno de los principales inspiradores de la creación de Comisiones Obreras dentro del sindicato vertical. Antes le hablé de que todavía no era famoso Marcelino Camacho. Pero cuando ya me ocupo de esto, ya me entero y examino y hablo con ellos y me entero por qué los detienen. Porque cuando intentan hacer reuniones clandestinas, los detienen. Y me di cuenta que siempre se detienen porque hablan, no tienen experiencia nueva de lo que es la clandestinidad, hablan y al final la policía los coge. Entonces yo de acuerdo con algunos de ellos, con Arcadio Sánchez, con Julián Ariza, con Trinidad García, no con Marcelino Camacho, con quien yo todavía no conocía. Además creo que estaba en la cárcel en aquellos momentos. Yo le propuse que yo iba a organizar, que le iba a dar, no con esas palabras, porque ellos no hubieran admitido que yo dijera que le iba a organizar. Para mí yo era un notario, aunque ya había pedido la excedencia, era un abogado muy conocido, ya tenía fama, y no hubieran tenido confianza, si lo presento así, digo simplemente que yo iba a prestarles el local y la forma de reunirse para que no fueran detenidos. Claro, eso les interesó muchísimo. Uno de los asuntos de abogado que yo llevaba era la quiebra de la sociedad magro que fabricaba las medias Vilma, y del que era presidente era el conde de los Gaitanes, y consejero era Muñoz Seca, y de ahí vino mi amistad con ellos. porque yo evité la quiebra, lo defendí y salvé a la empresa, lo salvé a ellos también de la quiebra. Y él tenía a mi secretario, lo había traído yo de Montalbán, que era un muchacho que tenía horror de la política porque su padre pertenecía en Montalbán al Socorro Rojo y era molestado y había sido perseguido y él no quería saber nada de la política. Yo lo tenía puesto allí porque era muy difícil tener una vivienda buena en esa fábrica que estaba en la Plaza de Castilla. tenía una buena vivienda y como yo era el que tenía las llaves y el que administraba aquello como abogado, pues le dije que viviera allí. Bien, entonces organicé allí la concentración, congreso nada, era una reunión clandestina, una concentración, una reunión clandestina de comisiones obreras, que fue la primera reunión que se hizo a nivel nacional, es decir, reunión de delegados de comisiones obreras procedentes de toda España. Entonces, para que no los cogieran y la policía no se enterara, tuve la prudencia de que nadie de los que llegaban de fuera sabía dónde iba a ir a reunirse, dónde era la reunión. Pero yo tenía los sitios donde iba y distribuí no solo a mi secretario, sino a otros amigos jóvenes y entusiastas y de izquierda para que fueran a distintos sitios de autobuses y estaciones para recoger a los que venían y llevarlo a la fábrica, pero que ellos no sabían dónde era. Y fue tal el éxito que allí se celebró la primera reunión nacional de Comisiones Obreras, la que convocó las famosas huelgas generales, las más grandes, las de octubre del 67, pero tuvieron la imprudencia, claro, la falta de costumbre y de hábito clandestino, tuvieron la imprudencia de que dejaron el salón, la sala de... donde habían estado reunidos, pues llena de restos de comida, de lata, tal, tal. Entonces la policía, que no se enteró, pero se enteró a posteriori, claro, de que se había celebrado una reunión y que había que ir a la huelga. Entonces, indagó a posteriori para ver quién era el responsable, descubrió el sitio que había sido allí, por los restos que quedaban de la enorme reunión, y detuvieron a mi secretario, que era José Escobedo.

Locutor 01

Ahí entramos en un nuevo tema. ¿Cómo? Entramos en un nuevo tema. José Escobedo detenido y usted va a ir hasta la Dirección General de Seguridad para sacarlo. ¿Cómo es esa historia?

Locutor 00

Bueno, en realidad yo no podía ni siquiera imaginar la posibilidad de que yo no conocía de nada ni al Director General de Seguridad ni a ningún policía. Yo no podía imaginar que yo pudiera ir a sacarlo de allí, de los calabazos. Pero coincidió esa detención con una noticia extraordinaria que me llegó a mi despacho en La Castellana. Un señor mandado por don Juan de Borbón, el padre de Juan Carlos, llegó con una tarjeta de don Juan donde me decía que creyera lo que me diría y que lo tomara en serio y que yo actuara según mi criterio. Bien, y este señor me contó que estando en una quesería, en Cazorla, con Franco, un almirante inglés, que era amigo de Don Juan, había presenciado como Franco había perdido el conocimiento, que se lo habían llevado, y no sabía más.

Locutor 01

Ese es el accidente de caza de Franco.

Locutor 00

Yo no sé, puede ser, pero el hecho es que luego, yo me puse en marcha enseguida, y sí que la sé en el acto, en cuanto se fue la visita, en ese momento dijo, tengo que ir a la Dirección General de Seguridad, con este motivo, a ver cómo lo hago, Porque allí tengo el peligro de que pueden presionar, torturar a Coedo y que Coedo diga que obedecía mis órdenes.

Locutor 01

A fondo con Enrique de Diego. Pues José Escobedo, secretario de don Antonio García Trevijano, detenido en la Dirección General de Seguridad después de una reunión nacional organizada por don Antonio. Se le puede caer el pelo, don Antonio.

Locutor 00

Claro.

Locutor 01

Y también tiene usted un as en la manga, que es esa gestión que le ha encargado don Juan. Eso es.

Locutor 00

Yo uno los dos asuntos. Digo, uy, esta es la ocasión que tengo para conocer al director general de Seguridad ...y ver si puedo intentar que sacara el coedo de allí... ...y le llamo a Luis Balta Berner... ...que era entonces presidente del... ...Banco Popular... ...y le dije... ...le pregunté si conocía al director general de seguridad... ...me dijo que sí... ...le digo, pues invítalo para ahora mismo... ...para hoy, era por la mañana, yo lo estaba llamando... ...sería a las doce o doce y media... ...le digo, para las dos... ...y me dice, pero hombre, ¿cómo tal? ...le digo, bueno, tú inténtalo... ...entonces me llamó y dijo que de acuerdo... ...que vendría a comer y que fuera a comer... ...y si fui a comer...

Locutor 01

Al Banco Popular.

Locutor 00

Al Banco Popular, sí, al comedor arriba. Estaban Luis Valle y sus hermanos. Y llegué yo antes. Y luego entró el director general de seguridad y me quedé impresionado con su aspecto físico. Era un hombre bajito, pero calvo y con un cuello poderosísimo. También tenía la nuca así fuerte. Y la verdad es que era impresionante su figura. Era un coronel del ejército. Y bien, empezamos la comida y nada, hablando de... cosas intrascendentes, pero ya, yo no podía dar impaciencia y no podía perder ni un minuto por el asunto de la situación de Franco I, que saber lo que pasaba. Entonces le dije a él, dirigente, soy yo el responsable de haberle pedido a nuestros amigos que nos presenten, al director general de seguridad, porque ha sucedido algo extraordinario y que, claro, hace que usted esté inquieto, aunque está aquí, está pensando en esto, y como es natural, habrá dejado recado. de que lo llamen en el acto si hay alguna novedad. ¿Qué, qué, qué, qué? Pero lo dijo así, un poco mecánicamente, sin darle importancia. Y le digo, no, me refiero a lo que ha pasado en Cazorla. Entonces nadie sabía. Y entonces él se puso las dos manos sobre la mesa, dijo, ¿lo sabe mucha gente? ¿Lo sabe alguien? Y yo, no, no, tranquilo, no lo sé nada más que yo. Y dice, ¿pero cómo? Digo, bueno, yo no le puedo contar. Si quiere usted nos vamos a su despacho y sin... Dice, pues ahora mismo le pedimos disculpas a Luis Valls. Ya comprendió él, era muy listo y se dio cuenta enseguida de que algo grave tenía que ser. Y me fui con él en su coche, era muy cerca, desde el Banco Popular a la Puerta del Sol. Y entramos por atrás, en el coche, por la calle lateral. Y él... Subimos a su despacho y hablando, entonces digo, vamos a ver ahora, ahora sí. Si es que me he dado hablado, pues estoy perdido. Si no, pues vamos a ver. Pero con esa osadía que dan los grandes ideales y la juventud, bueno, también la vejez. Cuando la vejez no pierde los ideales, es tan osada como la juventud. Y le dije, está hablando, entonces, como es natural, puse todo el acento. En la cuestión de Franco, él me dijo que Camilo Alonso Vega. que era su jefe, el ministro era su jefe, le había advertido de esto, le había informado y que estuviera atento, que su mujer no sabía si su mujer lo sabía, de Franco se estaba apresada, yo le dije que la información de don Juan, el origen cuál era, el almirante inglés, y que desde luego, seguro que no dirían nada más que a los círculos íntimos, por ahí no llegaría a la prensa ni nada, aunque no lo diría la prensa, si lo supiera, después de tranquilizarlo, le dije, bueno, pues esto es interesantísimo, que mantengamos, él me dijo, tenemos que mantener un contacto a partir de ahora para que usted me transmita todas las informaciones que tenga sobre la salud de Franco y que usted adquiera a través de don Juan o de sus amigos y yo también le traeré informado para orientar y sumar los esfuerzos porque el momento es gravísimo. Por eso estoy aquí. Bien, entonces en un ambiente así ya relajado y él muy contento de mi colaboración, le digo, tengo que pedirle un pequeño favor. Dice, usted dirá, eso lo hago en el acto. Digo, es que está detenido aquí mi secretario. Dice, ¿cómo que secretario? Digo, sí, ¿cómo se llama? Dice, Escobedo. Dice, ¡ah! El que es de las comisiones obreras, sabía por el nombre. Digo, ¿qué comisiones obreras? Yo no sé nada de eso. Dice, no, que había una reunión en la fábrica de media, y él vivía allí, y que había sido detenido. Digo, no, pero él es mi secretario, y soy yo el que lo he puesto a vivir allí. Dice, ¡ay, perdón! Vamos a ver, espera un momento que usted se lo va a llevar de aquí enseguida. llama por teléfono, y claro, todavía, mi inquietud era si habría hablado Escobedo cuando él llamara. Le iba a decir, comprendí que dijeron que los que suban, que los subían. Al llamar a la puerta, también hizo un gesto, y comprendí que venía con las esposas puestas, y había hecho un gesto para que se la quitaran. Bueno, ya para resumir ya la situación, estaba yo relajado, ya me lo llevo, tenía miedo de que él perdiera el control de sí mismo, al verme a mí y se lanzara en un abrazo que demostrara que había algo de más de confianza que lo de un secretario, me levanté y le puse la mano, lo saludé más para impedir que avanzara que para saludarlo. Bien, el hecho salió perfecto, salimos a la calle, y nada más que salir a la calle lateral, la puerta, escobedo, sin nada, de repente, pum, echó a correr, el susto que tenía era tan grande, entonces yo corrí un poco para llamarlo, el hombre que es peor, salimos de la dirección de la seguridad corriendo, para decirle a la policía, ¿qué pasa aquí?, Bueno, pues nada, eso fue, así fue.

Locutor 01

¿Y la relación con el director general de seguridad?

Locutor 00

Ah, continuó maravillosa, continuó muy bien, muy bien, ya duró mucho tiempo, porque nada menos que con él, también lo utilicé lo mismo para conectar y contactar con ciertos, con altos cargos militares, pero yo no daba los nombres, claro, tenía muchísima prudencia y muchísima inteligencia para saber cómo actuar en esas situaciones. y allí mismo planteamos el tema y si se muere Franco, ¿qué hacer? Allí mismo. Entonces ya nos veíamos todas las semanas. Entonces yo le iba transmitiendo los datos de salud de Franco, que no eran tranquilizadores del todo, pero ya no eran angustiosos, pero me dio pie para preparar. Digo, esto es lo mismo que ha pasado ahora, puede pasar dentro de 15 días o dentro de un mes. Entonces más vale que lo que hemos empezado vamos a terminarlo. Vamos a dejar una organización, le pusimos su nombre, le pusimos todo, Hicimos una organización en la que yo me entrevistaba con los tenientes generales, con los grandes generales, y él, y luego él conmigo, para preparar que en caso de muerte de Franco, un avión militar recogería a don Juan en Portugal y lo traería para presidir el entierro. Así de sencillo era el golpe, la maniobra era esa. Y yo me entrevisté entonces con nada menos desde Muñoz Grande, A Manuel Díaz Alegría, siendo jefe general del Estado Mayor, era moño grande. Y mientras que estaba en la Escuela Superior del Ejército, Díaz Alegría. Pero él ya me ha presentado uno a otro. Y yo, Díaz Alegría, conocía a su hermano Luis, que era director general de la Guardia Civil. Conocía a todos, a Vega, que fue también director de la Guardia Civil. Yo conocía a todos los principales mandos militares de España en un espacio brevísimo de tiempo, en un mes. Entonces mi conocimiento de la interioridad de Franco y los datos que también yo podía obtener del director general de seguridad sin que él mismo se percibiera de lo que yo estaba aprendiendo del interior del régimen a través suyo. Pues no, me fue fácil ese contacto, hasta el punto que cuando años más tarde se creé la Junta Democrática y la Plata Junta, claro, todos los miembros de la Junta sabían que yo tenía esos contactos con los altos mandos militares. y lo seguí ya en nombre de la Junta, pero que solamente para que yo diera cuenta de ello, cuando yo lo que ya era oportuno, a dos o tres miembros de la Junta, para que no se divulgaran. Por esa razón, yo he tenido tanta autoridad y confianza para decir que Santiago Carrillo mentía, y los miembros de la Junta mentían, cuando dijeron, para justificar la colaboración con Suárez, que se oían ruedos de sables, que podría haber un golpe militar. Todo eso es mentira, pero asquerosa. Es lo contrario a la verdad, lo contrario a lo que yo iba informando. Por ejemplo, Luis de Alegría, siendo jefe de la Guardia Civil, yo le preguntaba directamente, ¿en qué caso usted movilizaría a la Guardia Civil si hay un levantamiento contra Franco, si hay una oposición? democrática de libertad. Dice, no, no, yo no puedo ir a movilizar a la Guardia Civil a no ser que hubiera asaltos de trenes y quemas de conventos. Y se me da cuenta que esta era gente que estaba todavía en la historia del principio de la Guerra Civil. Pero eso quiere decir que con eso yo informaba a todos que no había peligro, que el peligro estaba en la imaginación, estaba en el recuerdo de lo que había sido. Pero no es lo que era entonces. Y por eso yo fui... Qué interesante, qué interesante. Lo que para ellos era osado de mi parte, para mí no. Yo no me consideraba un hombre valiente, ni osado, porque sabía que no corría peligro. Era mentira. Ese peligro fue creado por los partidos de izquierda para justificar el pacto con el franquismo. Porque no es un pacto cualquiera. Es que pactaron lo contrario de su ser. Es decir, la... La transición no es un pacto para las libertades. No, no, no. Eso no es verdad. Ni es un consenso. Todos son palabras creadas a posteriores para disimular la vergüenza de que fue una transacción donde todos renunciaron a sus principios esenciales. Todos renunciaron a lo que le había dado su vida política. La falange renunciaba a lo que era la falange. Pero el Partido Comunista también. Todos renunciaron y de repente, en un solo día, en un solo minuto, comunistas, socialistas, falanguistas, todos se hacen monárquicos de Juan Carlos y seguidores de Suárez. Esa traición, esa mentira tan colosal, esa es la transición. No hay otra. Todo lo demás es propaganda, propaganda y propaganda. Y yo, en natural, que conocía todo por dentro, no podía aceptar ese engaño. Por eso no tiene mérito de que yo nunca me sumara a la transición, ni apoyada la reforma ni los pactos de la Moncloa, ni a Suárez, ni a Santiago, ni a Felipe, a ninguno. No tiene mérito porque yo conocía lo que estaba sucediendo de verdad. Y como lo sabía, se ve que no había peligro, ¿por qué entregarse al franquismo? Pues lo hicieron nada más que por ambición de dinero, poder y reconocimiento social. Para eso, Santiago Carrillo y Felipe González renunciaron a un pasado, el de Santiago Carrillo es enorme, es decir, de importante, sobre todo a partir del año 56, renunciaron a su pasado a cambio de ser pagados por el Estado, de convertir, de pasar de la clandestinidad, los partidos, a ser estatales, organizaciones estatales, pagadas por el Estado, con honores de la prensa, ya todos pasaban a ser hombres importantes, imprescindibles, héroes de la transición. y son todos una verdadera mediocridad, mediocridad intelectual, mediocridad personal. No hubo entre todos ellos una sola persona que destacara. Los que destacaron de la oposición al franquismo al final, como eran Valentín Paz Andrade, o Alfonso Cosío, el catedrático de Sevilla, o José Joaquín Díaz de Aguilar en Canarias, o Fernández Rayada en Asturias, todos esos destacaron por lo contrario de ellos. porque fueron independientes y valientes y se opusieron de verdad a Franquimbo, entrando en el grupo independiente que yo tenía dentro de la Junta y la Plata Junta.

Locutor 01

Trataremos eso muy extensamente porque son tiempos estos en los que de revisión, de memoria histórica... Real, lo seguiremos a través de la mano de don Antonio García Trevijano, protagonista, no solo testigo, sino protagonista de los hechos, pero desde luego me ha llamado mucho la atención ese plan para traer a don Juan de Estoril a presidir el funeral de Franco. El simbolismo se entiende.

Locutor 00

Ese era el golpe de estado.

Locutor 01

Explíquenoslo más.

Locutor 00

Pues nada, eso era. Entonces lo impidió... No sé si también Franco llega a oídas de ella, no lo creo, pero es posible, lo impidió el nombramiento de sucesor a Juan Carlos. Eso salió para impedir este plan. Y la prueba de que algo tenía que ver es que en otra comida en mi casa, pedida por don Juan, don Juan me llamó diciendo que estaba muy avanzado el nombramiento de Juan Carlos como sucesor y que hiciera algo para impedirlo. Bien, bueno. ...entonces yo invité a comer en mi casa... ...porque mi mujer entiende muchísimo de cocina... ...era francesa... ...y sabía preparar una... ...y entonces invitó a comer a... ...a Camilo Alonso Vega y su mujer Ramona... ...junto con Luis Balta Bernal... ...lo invitó... ...y el objeto de la visita era que yo lo convenciera... ...de que era un error de Franco... ...nombrar sucesor... ...ni a Juan Carlos ni a nadie... ...mi argumento era... que si para los militares, para ellos, Franco era no un general ni un militar único, sino un verdadero providencia, un dios, la providencia, que no estropeara su biografía, le decía yo a ellos y a Camilo, que no estropeara su biografía designando una nación que podía salir fatal, que podía fracasar, y entonces atribuiría el fracaso a Franco. Bueno, a Camilo tan punto se convenció que dejó el plato también. Dijo, me voy ahora mismo al Pardo. Se bajó, yo vivía en la Plaza de Cristo Rey, se bajó su coche, se fue al Pardo, y al poco tiempo, porque nosotros seguimos, le dijimos, aquí esperamos, hasta que lleguemos con su mujer. Y llegó al cabo de más de una hora, diciendo que la decisión estaba ya tomada, y que era tarde, que había llegado tarde, que era muy inteligente lo que yo le había dicho, y que no lo olvidaba, pero que ya era tarde. Bien. Esa es otra anécdota interesante.

Locutor 01

El plan, por tanto, queda cortado.

Locutor 00

Claro, queda cortado el plan de don Juan, que venga a presidir los funerales, con el nombre de su asesor, ya es imposible.

Locutor 01

Es la historia que también contamos de Floril.

Locutor 00

En este momento, la única posibilidad de que la monarquía del titular de la dinastía, que era Juan Carlos, pudiera servir de puente o instrumento para las libertades, y que con un referéndum que pudiera elegir los españoles entre monarquía y república era don Juan. Y para eso tenía que oponerse ya a su hijo, ya no a Franco. Franco se daba por amortizado. Ahora tenía que don Juan oponerse a su hijo. Cosa que hizo cuando el atentado a Carrero Blanco... ...nada más que el atentado al día siguiente... ...me fui yo a Estoril... ...porque comprendí que a partir de ahí... ...era el comienzo del final... ...me fui a Estoril y lo convencí en Estoril... ...de que a pesar del nombramiento de Juan Carlos... ...él volviera a la actividad política... ...y lo convencí... ...y le preparé un plan... ...que aquí la prensa española... ...lo llamó... ...entrado de Don Juan en la política... ...porque un título del Seminario Express en París... ...un título escrito por... ...Edouard Belvy... ...lo tituló... ...de Don Juan... ...en la política... ...porque en París lo acompañé yo... ...le presenté a este... ...hizo la entrevista al semanario... ...él había sido invitado... ...por Josquette Stein a una cacería... ...y él vivía... ...siempre en París... ...en el Hotel Médic... ...que está enfrente, muy cerca... ...a unos pasos... ...del hotel que donde yo tenía siempre... ...mi residencia en París... ...que era el Hotel Loti... ...y él... ...entonces en esa... ...visita... ...ya... para preparar la entrada de Franco ahí, aparte de la entrevista que publicó el Express, en el propio Hotel Merit yo le presenté, le hice, cité a todos los elementos antifranquistas organizados en París. No solo a los nacionalistas vascos, que eran los dos ministros de la República, sino... y Rujo y el otro no me acuerdo ahora si que era él no me acuerdo no no no no eran dos que habían sido ministros con la república se lo presenté a ellos no no no eran los dos eran dos viejitos muy simpáticos muy simpáticos que yo como eran conmigo muchas veces en el hotel Loti se los presenté a ellos a los anarquistas también reciente en París los principales y a a José Martínez, el dueño de Rueda Ibérico, y salió entusiasmado en la entrevista, él que estaba reticente, después de eso, como él tenía mucha amistad conmigo, una cosa que tampoco saben los españoles, es que Rueda Ibérico entró en una situación económica malísima, y va casi a desaparecer, y yo le di el dinero para poner una gran librería en el barrio latino, en el Cartier Latin, y se salvó gracias a mi aportación, a cambio de nada. Yo no participé en nada más que lo salvé. Por eso él me tenía tanto respeto, cariño y admiración. Y una cosa graciosa que nunca se me olvidará es que una de las personas que me llamó porque quería saludar a don Juan, conocerlo, fue Salvador Dalí. Y se la di, claro, como un personaje chico, pero no lo había... Y llamaron que estaba abajo que subía. Y conociendo, yo no lo conocía, pero sabiendo que era el aspecto que tenía histriónico, le dije a don Juan, que estaba dentro de la estación, vamos a salir a esperarlo al pasillo, porque estará muy satisfecho que él lo esté esperando fuera. Y salimos, y nada más que salir, lo vemos doblar por un pasillo largo, y era como un grucho más, empezó andando bien, y conforme iba acercándose, iba inclinando la rodilla, la rodilla, la rodilla, Hasta lloraban, Juan, casi para tumbarse a sus pies. Y eso me causó tanta gracia que no me olvido nunca de ese encuentro.

Locutor 01

Bueno, hemos hablado de sindicatos, sindicatos verticales.

Locutor 00

Recuerdo que, por ejemplo, dentro de esa línea... Bueno, hay algo que va a tener importancia. Yo, en el periódico Madrid, en el periódico Madrid, escribí un artículo Estando en Estoril, viendo a don Juan un verano, que me alquilé allí un chalé y estuve para tener... Escribí, a petición de Antonio Fontán, escribí un artículo sobre los sindicatos, donde alertaba del peligro de los sindicatos verticales de Solís y Jiménez Torres, que era el secretario, que era un granadino muy simpático, pero claro, en la misma línea franquista de Solís. escribió un artículo alertando del peligro del peronismo sindical español, es decir, que los sindicatos españoles, siendo verticales, tomaran el camino del peronismo y se produciría una grieta y un abismo con los militares, con lo cual el bloque sindical y militar produciría una situación tan peligrosa como en Argentina. Yo no lo sabía, pero fue tal el éxito que tuvo, bueno, la repercusión que tuvo en las esferas militares, que me tomó Solís un odio mortal, pero mortal, la palabra mortal no es, es exacta, quería matarme. Entonces en un consejo de ministros Solís habló con imprudencia, pero claro, la seguridad que le daba entonces lo que era el poder, en presencia de Franco, aunque ya estaba Franco bastante viejo y él parecía que estaba dormilado. y dijo claramente que el enemigo público número uno del régimen era Trevijano, y que había que eliminarlo físicamente, que no había que ir a juicio físicamente. Entonces, ¿cómo sería de seria la cuestión? Que a las 11 de la noche aproximadamente, yo vivía en la plaza de Cristo Rey, que está en la afuera de Madrid ya, camino del Pardo y de La Coruña. Entonces, un día, que es de Consejo de Ministros, a las 11 de la noche, llamó a la puerta de mi casa, en Cristo Rey, a Antonio Oriol, que era ministro de Justicia, y decirme, Antonio, vete inmediatamente, y fue el que me contó que acabo de ver en el Consejo de Ministros lo que ha pasado, vete que estás en peligro. Bien, yo lo, como es natural, le agradecí muchísimo, tomé ciertas precauciones, salí a dormir fuera, pero no me fui de Madrid, y se olvidó. Pero más tarde, años más tarde, volvió, a reproducirse la escena, igual. Pero esta vez ya no estaba Oriol en el ministerio, estaba el ministro de Comercio, Faustino García Moncó, que era del Opus. Y Faustino García Moncó, asustado, cuando terminó el Consejo de Ministros, fue a ver a Antonio Fontán, puesto que sabía la gran amistad que le unía conmigo. Y le contó lo que había oído. Que en una carretera, en un margen de la carretera, aparecía mi cuerpo, literalmente. Y el... Antonio Fundán se presentó en mi casa, y como era un hombre provisor y ordenado, y me conocía bien, que yo nunca tenía dinero, siempre lo gastaba todo, se presentó en mi casa a las 11 de la noche, con 100.000 pesetas, y le dije, ten como sea que lo tendrás, y vete ahora mismo, porque el peligro es inminente. Todo eso, consecuencia de la denuncia mía de los sindicatos verticales.

Locutor 01

Llegó a haber un atentado contra usted.

Locutor 00

Sí, hubo un atentado. Hubo un atentado en la calle Claudio Cuello, Un abogado, amigo, conocido, Muñoz Salvadori, que tenía muchas relaciones con Venezuela, había concertado una entrevista con periodistas venezolanos, pero eso ya más avanzado. Eso se produjo cuando Franco ya había entrado en el hospital. Y la BBC me hizo una entrevista y yo declaré en ella, claro, en contra del franquismo, muy radical, y al día siguiente, a los dos días, a los dos días, era esta cita, fui a la cita en la calle Claudio Cuello, en casa de este abogado, en su despacho, con asistencia de unos dirigentes desde la democracia cristiana, un Riaza, uno que fue notario, luego también que era notario, y también con la asistencia de un periodista muy conocido en Venezuela. Y a los cinco minutos de estar yo sentado, ¡pum!, se abrió la puerta y entraron unos encapuchados, con metralletas, ¡pum!, pegando un tiro al aire, lo primero para asustar a todo el mundo y ponerlo, nos pusieron contra la pared, de espaldas a la pared, y empezaron a... Bueno, al primero que le pegaron fue al venezolano, al periodista, y iban, además de las metralletas, llevaban masas, de esas como de la Edad Media, que llevan pinchos, púas, masas así, pesadas, y con eso les dieron un golpe en un brazo y se lo partieron. ...y estuvo herido algún tiempo... ...pero luego los demás fueron... ...contra la pared amenazándolos a todos... ...y tirándolos en el suelo y golpeándolos... ...cuando yo estaba el último al que llegaron... ...también me hicieron lo mismo... ...primero me hicieron dar la vuelta... ...me apuntaron con una metralleta en la frente... ...me tumbaron en el suelo... ...me tumbaron en el suelo y empezaron... ...de espaldas tumbados boca abajo... ...y me golpearon de tal manera... Bueno, primero yo no quise darle la satisfacción de estar gritando como todos los demás. Y yo, aunque por fuerte que me dieran, yo no gritaba. Quizás por eso me dieron más palos, más golpes, o más fuertes que los demás, no lo sé. Pero el hecho es que, bueno, después me tiraron una bomba con humo, diciendo que nada, que esto está, que no se va a nadie, que esto va a ser peor. Se fueron y yo intenté incorporar, los demás se incorporaron y salieron corriendo por las escaleras abajo. Yo intenté incorporarme y no podía, me dolía demasiado la espalda. Entonces me arrastré por el suelo hasta la ventana, abrí la ventana para que se le haya el humo y por la ventana vi que estaban ya los compañeros que habían sido atacados en la calle y que eran unos coches de la policía los que estaban cogiéndolos. Y era imposible que yo me hubiera avisado a la policía que el tiempo de bajar ellos ya estaba allí. Luego era clarísimo. que el atentado estaba organizado o era conocido por la policía. Bien. Entonces yo cuando se fue todo el mundo bajé muy despacio la escalera, no, hasta el ascensor, luego el ascensor, y luego una vez en la calle, andando muy mal y muy despacio, el primer coche bueno que pasó, yo cuando pasé el coche bueno pensé que sería una persona, no sé, más educada, no, no... una asociación de ideas que está unida al dinero y la educación. Pero era la realidad. Entonces paré el coche y le dije que si me quería llevar al primer hospital, que era en la calle General Mola, donde yo tenía muchos médicos amigos, que incluso estaban ya en la oposición clandestinamente conmigo. Me dijo, claro, es natural, subo usted, atentísimo. Me subió y claro, nada más que arrancar, ya me dice, ¿qué le ha pasado a usted? Digo, pues es que me han pegado, pero ¿cómo? Digo, un atentado. que me han golpeado unos encapuchados. Dice, ¿quiénes son? Digo, ¿quién van a ser? Pues la policía o la Guardia Civil. Pegó un frenazo, baja usted ahora mismo de mi coche. ¡Pum! Le levantó, ¡fuera! ¡Fuera! Era un tío de extrema derecha, fíjate lo que había hecho yo.

Locutor 01

Hemos llegado al final, don Antonio. Seguimos el próximo jueves con los flecos. Veremos a ver...

Locutor 00

No, esto ya ha terminado. Con eso ya me fui. Tenía rota una pequeña vértebra, la punta y nada más.

Locutor 01

Fenomenal. El próximo jueves, la Junta Democrática.

Locutor 00

Muy bien.

Locutor 01

Pues muchísimas gracias por su ilustración y por su atención al programa Fondo Don Antonio. Me consta que cada día son más seguidos estos programas.

Locutor 00

Me alegro. Gracias.

Locutor 01

Buenas noches. Hasta pronto. Adiós.