LA FALSIFICACIÓN PERMANENTE

HISTORIAS (E HISTORIETAS) DE "NACIONALISTAS" ESPAÑOLES (I)

MEDINA SIDONIA

Que la historia es el territorio donde la mentira campa a sus anchas es una realidad que nadie ignora. En nuestro país es además un hecho que va más allá de la anécdota instalándose en lo institucional y convirtiéndose en materia de "enseñanza obligatoria".

El Statu Quo democrático no es más que el supremo consenso político de la mentira de España, pero la falsificación de la historia viene de mucho atrás y se nutre de elementos heterogéneos y alimenta, como madre ubérrima y generosa multitud de vástagos que, incluidos los más raquíticos e insignificantes, no dejarán de chupar de la teta materna hasta la nausea.

En una reciente entrevista, la famosa investigadora Luisa Isabel Álvarez de Toledo, la "Duquesa Roja", se quejaba de las trabas oficiales que sufría por difundir una versión "herética" de la historia de España y ponía un ejemplo de cómo derecha e izquierda, socialdemócratas y liberal-conservadores, entienden el derecho a la libre investigación en este pobre país nuestro:

<<(...) A mí, como presidenta del archivo de Medina Sidonia, [la Junta de Andalucía] me trajo un escrito para que lo firmase. En este escrito se decía que me comprometía a no exhibir ningún documento que fuese contra la reputación, buen nombre o fama de las personas. Se me pusieron los ojos como bolas y pregunté: "¿Eso se referirá a los 50 años pasados, verdad? Sobre esto en el archivo Medina Sidonia no hay nada". Se me respondió: "No, se refiere a cualquier cosa que atente contra el buen nombre de España, de los reyes y tal. (...) Me negué a firmar. Y ésta es una de las causas de los problemas que ha tenido la Fundación de Medina Sidonia. >> (Amanecer, nº 115, Enero 2001, pg.70.

La conclusión de la Duquesa de Medina Sidonia es clara: "La historia de España oficial que se ha enseñado durante siglos es una pura falacia".

El célebre Pacto Constitucional fue un consenso de embusteros. Un compromiso para mantener la estafa histórica oculta a los ojos de los españoles, desviando la atención de las masas hacia espectáculos más "edificantes" y menos comprometidos.

Nos cabe el dudoso "honor" de haber sido los primeros en establecer el "pensamiento único" del que tanto se habla hoy, mucho antes que el hipervalorado neoliberalismo, y establecerlo - negro sobre blanco - en los libros de historia, sin que las sucesivas reformas de las humanidades hayan variado un ápice la manipulación de la realidad histórica. Antes bien, la han llevado a sus últimas consecuencias retorciendo esa realidad hasta convertirla en un guiñapo irreconocible para todos. Incluso para los manipuladores mismos que de la gestión monopolista de la Mentira viven, y viven bien.

Este consenso, sin embargo, ha sufrido últimamente ciertos desajustes. No en lo esencial sino en ciertos episodios accesorios que es preciso recomponer - que para eso existe un estado de derecho: ente legitimador de todas las falacias.

Interpretar la historia de España en términos de tensión entre centro y periferia "milagrosamente" resueltos por la Monarquía parlamentaria y la Constitución democrática ya no aguante en pié. La simple existencia de un amplio movimiento popular independentista en Euskalherria y la permanencia de un partido armado revolucionario todavía con capacidad operativa después de más de treinta años de lucha armada, arruinan el discurso triunfal del estado monárquico. Pero la represión de las conciencias, de forma a veces sutil y otras no tanto, se encarga de solapar esta realidad en nombre de la paz social y la estabilidad política: en nombre de la Mentira, al fin y al cabo.

Aquellos profesionales "demasiado" imparciales corren el riesgo de no cobrar la nómina: Como el director de Informativos de Telemadrid cesado manu militari por el "liberal" Ruiz-Gallardón por no ser suficientemente beligerante ( ¡más madera, es la guerra!) frente al terrorismo y emitir un espacio sobre el problema de Euzkadi sin masacrar dialécticamente al independentismo. O esa patética Pilar Urbano que ha evocado la imagen del 23-F para describir la política de acoso y derribo del PNV por parte del gobierno Aznar, intentando desdecirse luego y pedir la censura de sus propias declaraciones...

Sencillamente alucinante. ¿Qué está pasando? La realidad es más simple y más cruel, también. España no es un estado democrático, sino un conjunto político heterogéneo directamente heredero del régimen autoritario franquista y articulado en un sistema amplificado de libertades públicas, pero absolutamente carente de una cultura cívica comunitaria y democrática.

Por supuesto que la democracia, en cuanto tal, es pura falacia. Pero en España el fraude democrático tiene características endémicas y hunde sus raíces en décadas, siglos quizá, de castración de la inteligencia y de la voluntad.

Con un panorama semejante no podría extrañar que el balance de la extrema derecha (al fin y al cabo un sector más de la sociedad española) sea tan nefasto y que sus perspectivas políticas sean tan lúgubres.

Cómodamente instalados en la falsificación permanente e íntimamente solidarios con la mentira fundamental de España, sus exegetas, paladines y truchimanes no tiene rubor en seguir acumulando mentiras sobre embustes hasta formar una pirámide de falsedades no sólo sobre la historia general del país, sino lo que es más grave sobre su propia historia que en parte también es la nuestra y que por ello mismo debemos de diseccionar y restaurar en su verdad histórica si queremos tener un presente político acorde con nuestra visión del mundo.

¿TERCERA REPÚBLICA?

Se dice que la extrema derecha, especialmente sus alas más "radicales", no es monárquica. Más aún; que no le duelen prendas en decirse y sentirse republicana.

Primera mentira fundamental del nacionalismo español.

En realidad la extrema derecha en su conjunto no es ningún caso "republicana". Eventualmente, algunas tendencias han sido antidinásticas, por oposición a la rama familiar reinante, o, más comúnmente, antiborbónicas en oposición a la línea tanto del pretendiente Juan, conde de Barcelona, como a la de su hijo, Juan Carlos, acusado de "traicionar" los princippios del 18 de julio que juró ante Franco.

No entraremos aquí en la falsa controversia de si se trató o no de una traición. No hubiera sido solo él el traidor. También cabría acusar de ello a esos franquistas, doblemente traidores a Franco y al rey. Entre otras cosas porque apoyaron mayoritariamente la candidatura de Juan Carlos en su calidad de procuradores en Cortes y porque atacando a la persona del príncipe traicionaban la mesiánica clarividencia del inquilino de El Pardo, políticamente infalible, como el Papa lo es "ex-cathedra", y que designó personalmente, fracturando así la línea dinástica, al príncipe de Asturias como sucesor suyo en la jefatura del estado a título de rey.

Franco era monárquico. Nadie lo niega. Tanto como para saltarse olímpicamente la cadena sucesoria eligiendo precisamente al hijo del Borbón-Battemberg, habiendo podido elegir, a otros hijos, no menos "dignos", como los Borbón-Dampierre o los Borbón-Parma o cualquier otro Borbón-Borbón, o incluso a algún Habsburgo, Saboya, Lorena o Hohenzollern que en aquel momento hubiera tenido el cartelito de "libre" en las cortes europeas como los taxis. Candidatos nunca faltan.

Con el tiempo los recalcitrantes ex-combatientes han terminado reconociéndolo para enojo de sus más jóvenes supporters.

Coherentemente con su propia realidad histórica, el líder de los "ex-combatientes", recientemente fallecido e intimoademás del actual jefe de Estado, Eduardo Toledano impuso el acatamiento a la corona como colofón al tradicional - y menguado - acto del 20-N. Y no es un caso aislado.

Es verdad que durante los años sesenta y setenta surgieron muchos colectivos de falangistas que se declaraban "republicanos", partidarios concretamente de una Republica Sindical coreando al final de sus actos politico-testimoniales la vieja tonadilla jonsista que hablaba de reyes idiotas que no sabían gobernar y que, para más inri, eran masones y cornudos. No se aclaraba si, llegado el caso, un rey inteligente que supiera gobernar, no fuera ni masón ni cabrón, los falangistas disidentes pondrían en él su confianza.

De hecho no pocos falangistas se declaran republicanos "sobrevenidos", es decir, republicanos con los Borbones, no con los Austria que, masacradores infames de las libertades tradicionales de los pueblos de España, son su ideal de Monarquía católica y tradicional.

En realidad, no es un secreto para nadie que la función que desempeñaron esos grupos, financiados y controlados desde Secretaría General del Movimiento, fue la de una fuerza callejera de presión frente al avance de distintos sectores políticos del régimen, monárquicos juanistas, democristianos, opusdeistas, liberales, etc. que representaban una potencial amenaza para las posiciones de privilegio alcanzadas por los "azules" dentro del conjunto de familias del franquismo. Por supuesto, que todo ello se realizaba a espaldas de la militancia falangista radical que de estas maniobras no sabían nada. Como ahora. Cuando estos seudorepublicanos perdieron el sostén primario del Movimiento nacional cayeron uno tras otros presos de las contradicciones insuperables del falangismo. Su "republicanismo" no era más que una válvula de escape de la frustración continua a la que les sometían - y someten - sus jefes.

¿FASCISMO EN ESPAÑA?

Aclaremos, ya que estamos, ciertas cuestiones. El nacional-sindicalismo no ha sido nunca históricamente componente fundacional y fundamental de Falange Española.

La Falange de José Antonio se apoderó políticamente del movimiento nacional-sindicalista, absorbiendo su militancia y restringiendo su ideología a mera doctrina, cuando no destruyéndola en sus perfiles más radicales. Banderas e himnos. Lemas y formas jonsistas fueron acoplados al movimiento falangista; pero en general el jonsismo permaneció como un cuerpo extraño dentro de las fuerzas fundadoras tanto de Falange como del Nuevo Estado franquista. Y continua siéndolo.

Prueba evidente de ello es el carácter vagamente "jonsista", más bien "ramirista", que han poseído la mayor parte de las escisiones militantes entre la masa juvenil de la extrema derecha, no solo falangista. Incluso no siendo realmente jonsistas o nacional-sindicalistas (en muchas ocasiones no han pasado de un ultraderechismo pueril) estas escisiones han utilizado a Ramiro Ledesma como icono de su disidencia y al primitivo jonsismo como referente subversivo y catalizador.

Ledesma Ramos fue exaltado según la historia oficial del régimen a la "categoría" de precursor. Oficiosamente fue condenado por sembrar dudas acerca del patriotismo a la sombra de las iglesias y pretender sustituir la cruz por el yugo y las flechas como emblema de acción política. Sospechoso además de promover un "estado republicano de novedad radical". Culpable de reconocer, al final de su andadura política, la legitimidad del régimen republicano.

Demasiado...

En segundo lugar, la Falange de José Antonio no ha sido tampoco republicana, ni siquiera antimonárquica.

Tampoco es un secreto para nadie que tanto Primo de Rivera como sus más íntimos colaboradores eran devotamente monárquicos, aunque en razón de sus especifica aventura política evitarán declararse tales. Contrariamente, a lo que se cree, la monarquía nunca fue una institución popular en este país, como tampoco lo fue la Iglesia. En tiempos de la Segunda República declararse monárquico no era la mejor credencial para captar a las masas. Hasta el final de sus días José Antonio fue fiel a esa convicción personal negándose a contestar una pregunta en su juicio porque la acusación se refirió despectivamente a Alfonso XIII como el "Borbón". Gesto que le honra a él y a sus convicciones al haber sido capaz de mantenerlas en aquel duro trance pero que revela la permanencia de su educación y de sus ideales monárquicos durante toda su actividad política.

En 1935, casi al tiempo que pronunciaba aquella famosa frase declarando a la "monarquía como institución gloriosamente fenecida" (imagen radicalmente falsa si se tiene en cuenta la vergonzosa caída de Alfonso XIII y su trouppe), acudía a Roma a la boda del hijo del poco glorioso Borbón, en su condición de Grande de España y gentilhombre del rey. La pareja contrayente recibió como regalo de boda un flamante Chevrolet último modelo de parte del hijo del Dictador.

En tercer lugar, no es ni mucho menos cierto que José Antonio creara una doctrina y un estilo sin precedentes en la derecha nacional española. Las Obras Completas donde se recogen discursos, artículos, declaraciones, notas de prensa, etc... solo han ejercido una influencia limitada en la generación de posguerra española, básicamente entre los militantes más ideologizados (que no eran mayoría) del Frente de Juventudes y de la OJE.

Las Obras son una compilación canónica y arbitraria, conveniente expurgada, donde se agrupan de forma cronológica y acrítica material de muy distinto valor elevado a categoría de "Evangelio" por aquellos falangistas que cómodamente instalados en el aparato del Estado franquista utilizaron a la juventud idealista de posguerra como masa de maniobra en defensa de sus intereses de clase y de sus ambiciones personales.

Es un hecho que el falangismo no produjo nunca teóricos de envergadura para aportarlos al Nuevo estado. Existían previamente en el "brain trust" monárquico-radical de Acción Española y en otras capillas nacional-católicas. Es esta revista la que suministra la munición ideológica que utilizarán los "cruzados" de la España nacional posteriormente para crear un trasunto de fascismo español, clerical-militarista-reaccionario.

En cuarto lugar, la Falange de José Antonio no es solo una mistificación ideológica, es esencialmente un mito políticamente inexistente. Falange es una fuerza política e históricamente significativa solamente a partir del 18 de julio de 1936. Antes es pura y sangrienta anécdota. Falta de cuadros y de experiencia política se entregará al juego de unos generales ambiciosos y sanguinarios que reciclarán en sus filas a las clases subalternas tanto de la zona nacional como de la republicana.

De "Refugium peccatorum" la calificaba el monárquico Sáinz-Rodríguez. El mismo Franco, más brutal, la designaba como "su claque": los encargados de vitorearle en su condición de Salvador de España. O, incluso, no dudaba en retratar despectivamente a sus falangistas de la "Vieja Guardia" como "chulos de algarada".

Aún así, una oposición falangista al régimen de Franco no ha existido jamás. Sólo algunos falangistas, a título individual, se han enfrentado al tinglado del Generalísimo, y cuando han profundizado un poco en su oposición han dejado de ser falangistas.

Los intentos de matar a Franco supuestamente ideados por eminentes falangistas no pasaron nunca de charlas de café, más o menos como la presunta oposición al régimen.

No hablamos en vano porque esta confirmación la obtuvo un miembro de Resistencia por boca de un conocido ex-joven escritor joseantoniano que precisamente recopiló en su momento abundante documentación para demostrar la existencia de esa fantasmagórica oposición.

La razón del mantenimiento del "antifranquismo" joseantoniano entre la joven generación azul actual sirve exactamente para lo mismo que sirvió entonces, salvo que hoy ya no existe ni Caudillo ni Movimiento. Orangista y falangista no son solo dos palabras que riman. El que quiera entender que entienda...

Hay ciertamente pequeños grupos republicanos en la extrema derecha que no derivan ya del falangismo disidente, pero resulta difícil catalogarlos dentro de la extrema derecha no porque no lo sean sino porque terminarán no siéndolo.

Resulta curioso comprobar, en este sentido, la absoluta falta de criterio de los grupos nacional-patrióticos en el origen de sus opciones políticas.

Es a partir de 1994 que se oye hablar de una alternativa republicana en este país, fuera de los nostálgicos de Azaña y Alcalá-Zamora. Sí, hablamos de la "conspiración republicana" que tantos ríos de tinta hizo correr en aquel tiempo.

En aquel año, el paraninfo de la vieja Universidad de San Bernardo en Madrid se llenaba de acólitos fascinados ante la palabra de unos ridículos fantoches que apoyaban con su presencia la presentación de la polémica obra de García-Trevijano, "El Discurso de la República". Que uno de los oradores no fuera otro que el sin par director del ultramonárquico ABC, Luis María Anson, no parecía inquietar a nadie.

Más inquietante era reconocer entre el mayoritariamente joven publico asistente a viejos conocidos de la derecha radical madrileña y a militantes nacional-revolucionarios o así.

Nuevamente los jóvenes patriotas se ofrecían al mejor postor (al único en realidad) para ser utilizados como peones de un ajedrez mediático-político, que encubría intereses bastardos e inconfesables, como elemento de presión frente a la connivencia corrupta de felipismo y juancarlismo, no para restaurar la confianza pública ni menos aún para proclamar una hipotética tercera república sino para alejar definitivamente al PSOE-Prisa del ejercicio omnímodo del poder, colocando al frente a su hombre: Aznar.

Este es el origen de cierto nuevo republicanismo. Como es habitual, no se trata de la afirmación de una doctrina propia en la que se cree y por la que se lucha sino la incorporación al vagón de cola del desvencijado tren de la extrema derecha. Un tren en vía muerta dicho sea de paso.

CONSPIRANOICOS Y GOLPISTAS

Se dice en ocasiones que la extrema derecha ha sido golpista que ha influido en grupos de militares conservadores con objetivos liberticidas y regresivos, imbuidos ambos en un idéntico amor patrio y un mismo odio a la democracia La ultraderecha ha sido el "Búnker": la amenaza permanente de golpe de estado. La verdad es que el statu quo dominante no ha dejado de utilizar el peligro tanto de guerra civil como de involución político-militar para sus propios fines.

No se ha valorado nunca el papel que las intentonas supuestas o reales de golpe de estado, incluyendo su plasmación operativa de 23 de febrero de 1981, ha desempeñado en la transición a la "democracia", que no ha sido otra cosa que una Reversión política dentro de la continuidad sustancial de un estado

retroalimentado por sus propias mentiras. El "Búnker" no era más que aquella generación de militares que entraronen la milicia durante la guerra civil como "provisionales" escalando posiciones dentro de la mastodóntica jerarquía militar española hasta alcanzar el generalato hacia el final del régimen de Franco. No hay más.

Su devoción personal y política a Franco y su régiimen no les impidió en ningún momento reconocer a Juan Carlos como su Capitán General, siempre que estuviera dispuesto a confirmarles en sus destinos y privilegios de clase y casta. Ningún interés nacional, ningún esquema ideológico les guió nunca, solo la pura defensa de sus carreras y de sus prebendas.

No era la derecha radical la que manipulaba al ejército sino más bien al contrario. Tanto como para no contar apenas con los patriotas civiles de los que podían siempre servirse sin problema alguno. No en vano muchos jóvenes militantes de Fuerza Nueva y de Falange estaban ligados por lazos de parentesco con militares de carrera. Una revolución nacional no ha podido darse en España sin el Ejército, mucho menos contra él. Simplemente porque ha sido el Ejército el garante de que semejante eventualidad revolucionaria no sucediese nunca.

Un Blas Piñar a pesar de su liderazgo y de su integrismo religioso (o tal vez por ambas cosas) no contaba dentro de los esquemas de golpe de estado. No era nada ni representaba a nadie para los militares supuestamente involucionistas de este país. Todo lo más un cantautor de las supuestas gestas del ejercito español, pues Piñar era hijo de un heroico defensor de El Alcázar de Toledo. Ese Ejercito que durante la transición ha producido casi cotidianamente ruido de sables en forma de manifiestos o declaraciones públicas o cuchicheos de cuarto de banderas frente al "separatismo", al "terrorismo", al "comunismo" y a la "inflación galopante" (sic), no ha abierto la boca ante la dejación de soberanía nacional perpetrada con la entrada de España en la OTAN y su precedente franquista de pactos bilaterales y secretos con los USA. Todo lo más han sido oficiales de "izquierda", es decir, "traidores" a la Archiespaña militar, los que han alzado la voz siendo expulsados fulminantemente de las Fuerzas armadas.

No podía ser de otro modo: un ejército que solo ha ganado guerras contra su propio pueblo en los últimos doscientos años, comportándose como un auténtico ejercito de ocupación, no encuentra nada de oprobioso en formar parte de una estructura militar internacional "aliada", antes al contrario les parece honroso, pudiendo además mejorara su imagen en operaciones de "ayuda humanitaria" (en forma de uranio empobrecido), aumentar sus sueldos y prebendas y servir al Imperio con toda lealtad y respeto. La misma lealtad y el mismo respeto que notuvieron nunca por los ciudadanos de este país.

EL "FRENTE AMPLIO" DE LA DERECHA DE ESTADO

Si todo esto es cierto ¿cual es entonces el verdadero papel de la extrema derecha en el actual marco político? ¿Qué función cumple? ¿Qué alternativa ofrece a la sociedad española de hoy?

Cuando se habla de extrema derecha en España, en realidad se comete un error de apreciación suficientemente indicativo del rol específico que desempeñan las fuerzas nacionales.

La extrema derecha, como fuerza social e histórica bien delimitada, está actualmente en el poder. Aquello que los medios y los investigadores sociales denominan "extrema derecha" no es más que un régimen de residuos, un mero apéndice de un organismo político que reorganizado como alternativa de poder tras 1982 comparte actualmente el ejercicio del poder.

Exactamente como el apéndice para el organismo humano, la extrema derecha lo es para la derecha gobernante: un cuerpecillo accesorio que carece de toda finalidad y no se le conoce ninguna función dentro del aparato digestivo. Solo se sabe de su existencia cuando se inflama.

Esto puede parecer sorprendente y absurdo para los que se han acostumbrado a pensar en términos convencionales, incluidos los ya escasísimos militantes de partidos y corrientes ultras que compiten caínitamente por un hipotético porcentaje electoral que solo existe en su imaginación.

Por ello la existencia virtual, supletoria, subalterna y "amenazadora" de la "alternativa nacional" es tanto más necesaria para la derecha gobernante cuanto más reaccionaria es su propia política.

Si esta supuesta derecha "radical" no existiera habría que inventarla. Y de hecho, desde la calle Génova, se reinventa cada día, supurando periódicamente ideologías de recambio y desplazando "agentes paracaidistas" para controlar las constantes vitales del franquismo residual. No se trata pues de una "derecha radical" - por oposición a una "derecha liberal" - sino de una auténtica "derecha de Estado", que depende orgánicamente de los diferentes aparatos gubernativos y es políticamente solidaria con el entramado social que sostiene al Partido Popular.

¿Qué sentido tienen si no las completísimas y mayoritariamente fidedignas informaciones filtradas durante años a los medios de información, más o menos antifascistas, sobre movimientos, líderes y personajes particulares vinculados a un hipotético neofascismo español?

En la mayoría de los casos este alud informativo no ha sido producto de un antifascismo, igualmente residual, y significativamente se han concentrado en un arco temporal que coincide con los últimos años de gobierno PSOE y la primera legislatura de Aznar.

Tras conseguir la mayoría absoluta el silencio parece volver a acompañar la indolente singladura de las fuerzas nacionales.

No quiere decir esto que la tutela "genovesa" no siga existiendo. El control es total, porque va más al y más acá de lo político. Ideológicamente la derecha popular, a pesar de su recién estrenado centrismo-reformista y de su neoliberalismo progresista (y precisamente por eso), genera la producción intelectual que los neofascistas españoles asumen como propia. Es mercancía históricamente compartida, pero - no nos engañemos - el poder de convicción ideológica dentro de las derechas es directamente proporcional a los mecanismos de persuasión económica y al prestigio del Poder.

Pero es en el aspecto sociológico dónde se percibe más nítidamente la dependencia total de la extrema derecha en relación con la Mayoría natural. La presión familiar resulta asfixiante y los vínculos emocionales son comunes a las familia conservadora. La ruptura es imposible por ese lado.

Hay otra cuestión de la que apenas se ha hablado. Históricamente no existe en la derecha española una fractura perceptible, un episodio traumático, una ruptura sangrienta en la continuidad sustancial del entramado urdido durante el alzamiento de 1936.

La contigüidad, la inmediatez, la empatía entre la derecha liberal-conservadora y la derecha nacional-radical es la nota característica que define claramente la situación.

Contrariamente, en otros países de nuestro entorno la historia a contribuido a crear dos derechas que si bien han formado parte posteriormente de un mismo frente político no han dejado de sentirse distintas.

En Francia ha existido un Colaboración y una Resistencia. Una "Francia libre" y una Depuración.

En Italia una guerra civil y un régimen antifascista (y una Destra di Stato. : el MSI) Y en Alemania, un Nuremberg y una "desnazificación".

Nada de esto ha existido en España. Ninguna ruptura. Ninguna hostilidad de fondo. Ningún odio visceral: y consecuentemente, ninguna "traición".

Fernández-Cuesta recomendó el voto a Alianza Popular "para frenar al marxismo". Blas Piñar disolvió Fuerza Nueva. Y durante los años ochenta los cuadros piñaristas y falangistas se han integrado funcionalmente en los aparatos de partido de la "nueva" derecha liberal. En muchos casos las candidaturas electorales ultras han sido compradas directamente por Alianza Popular-PP, en otras han desaparecido en nombre de un frente común de las derechas.

Porque, y ahí esta el quid de la cuestión, en España, a pesar de los pesares, un "frente amplio", un gran Frente nacional ha existido durante los últimos 20 años. Solo que nunca ha sido formalizado en el registro de coaliciones políticas. Surgió, con el nombre de "fuerzas nacionales" en julio de 1936. Y no ha dejado de existir tras noviembre de 1975.

De hecho hoy está en el apogeo de su poder y por tanto en el principio de su declinar. Destruir ese Frente Nacional es la misión de todos aquellos que dentro del movimiento revolucionario luchan por crear un verdadera Alternativa histórica nacionalpopular, socialista y republicana frente al "Viceimperio" español del Crimen, la Traición y la Mentira.

(Continuará...)