Debate político de Libertad Constituyente con el lema "Instruir en lugar de educar" conducido y dirigido por Don Adrián Perales Pina, con la participación de Don Antonio García-Trevijano. La oposición al franquismo, Juan de Borbón conde de Barcelona, Pedro Sainz Rodríguez, Antonio García-Trevijano y el príncipe Juan Carlos. La creación de la Junta Democrática de España y la posterior traición de Santiago Carrillo y el Partido Comunista de España (PCE) a la ruptura democrática.
Miércoles 27-06-2012 La oposición al franquismo: el conde de Barcelona, Pedro Sainz Rodríguez, Trevijano y Juan Carlos
Locutor 01
Por primera vez en la historia de Europa, un medio radiofónico, Radio Libertad Constituyente, deja de lado la hipocresía y el eufemismo para decir que la monarquía de partidos no es una democracia. Los españoles no tenemos libertad política colectiva, pero ningún otro medio dice la verdad sobre el régimen de corrupción que nos gobierna. En las elecciones no se elige, los diputados no representan a los votantes, lo público se convierte en estatal y el Estado es propiedad de los partidos. Radio Libertad Constituyente. De 8 a 10 y media de la mañana y de 12 a 2 y media de la madrugada. Radio Libertad Constituyente.
Desconocido
Están escuchando Libertad Constituyente.
Adrián perales
Buenos días, soy Adrián Peral Espina, son las 9 y 6 minutos de la mañana, sintoniza en el 107.0 de la FM y comenzamos con el debate político. Así describe Anson en su biografía de Don Juan, el padre del rey, el enfrentamiento entre Don Pedro Sainz Rodríguez y Trevijano. Desde la muerte de Carrero Blanco y a escondidas de don Pedro Sainz, don Juan empieza a mantener contactos con Trevijano. Trevijano le diseña un plan político que exige que don Juan haga unas declaraciones al diario Le Monde rompiendo con su hijo Juan Carlos. Estas declaraciones se harían el 24 de junio de 1974. Las declaraciones tendrían el apoyo expreso de toda la oposición democrática. El miércoles 19 de junio la operación está cerrada. Sin embargo, don Juan decide finalmente consultar a don Pedro. Y estalla el temporal. Don Pedro se encoleriza y dice que esas declaraciones son el fin de la monarquía. Trevijano, por su parte, le dice a don Juan, si no firma esas declaraciones, su majestad habrá perdido su última oportunidad de ser rey. Don Juan los reúne a almorzar el jueves 20 de junio para que Trevijano convenza a Don Pedro de que Don Juan haga esas declaraciones a Alemón. Saltan chispas. Don Pedro se opone frontalmente. Vocifera que la unidad dinástica no se puede quebrar y que el proyecto es una locura. Trevijano se le enfrenta y afirma que la lealtad a la monarquía exige hacer esas declaraciones. Don Pedro lee el texto de un discurso que pronunciará Don Juan en la cena del día 22 de junio. Trevijano se apoya en una frase del texto y afirma que quien ha escrito eso es un traidor. La palabra nefanda estalla como un explosivo en la habitación. A don Pedro se le encabritan sesenta años de lealtad a la corona, con el cuerpo bamboche en temblor, las tres papadas torollas en agitación, las manos balumbas golpeando la mesa, los ojos bravos en incandescencia. Don Pedro se vuelca todo él en un torrente de palabras que se clavan, como dagas, en la carne de Trevijano. Trevijano se levanta, llama a su coche y con un gesto de desprecio se va. Piensa que ha perdido la batalla. No sabe que no es así. Durante una tarde, durante toda la tarde, don Juan aún cree que debe hacer las declaraciones a Alemón. Buenos días, don Antonio. ¿Cómo está?
Antonio garcía-trevijano
Buenos días, Adrián. Sí, yo leí el libro y me impresionó primero la exactitud. Luego ya corregiré en el comentario o complementaré esa información. Pero lo que informe es literalmente exacto. Esa es la verdad. Salvo las correcciones que yo haré luego.
Adrián perales
Pues cuéntenos, cuéntenos si quiere, cómo fue la comida.
Antonio garcía-trevijano
Bueno, pues la comida fue preparada por don Juan, porque el día anterior, el día 19, en la casa de su secretario, en Estoril, me reuní con él, y también había, no estuvieron presentes la comida, en las entrevistas, pero sí en la calle, porque yo temía lo que iba a pasar, y cité a los amigos monárquicos, porque yo era republicano, entonces yo tampoco podía pretender que el rey pusiera en mí una fe al 100%, y quise llevar a monárquicos, porque yo sabía que el rey se iba a negar a lo que antes me había prometido, que haría las declaraciones que yo le había redactado para el diario El Mundo, y allí estaba Marcel Nidergaard, que el responsable del mundo estaba allí.
Adrián perales
Sí, el Le Monde.
Antonio garcía-trevijano
El Le Monde, perdón. También estaba allí para recoger las declaraciones de Don Juan. En fin. Y ahí, en la reunión, en el domicilio de Darcourt, que era su secretario, Don Juan me dijo que no, que no iba. Y le pregunté por qué. Y entonces yo sabía o temía, porque me habían llamado Darcourt desde... desde Mallorca, que había ido el rey a reparar su yate, y ahí tuvo una entrevista con su hijo Juan Carlos, y yo sabía que había sido la entrevista. Yo no sabía lo que habían pactado padre e hijo, pero el rey cambió de actitud después de esa entrevista. Me llamó Dargur para anular la entrevista mía, y yo dije que no, que yo no era un cartesano, que yo la entrevista que tenía con el rey era de carácter político, que había movilizado a todas las fuerzas clandestinas españolas que se oponían a Franco y que no aceptaba de ninguna manera el aplazamiento ni la nulidad de la entrevista y que yo estaría allí el día 24 preparado como había prometido. Y estuve allí. Pero me llevé conmigo por precaución tanto a Rafael Cabloseré como a Javier Vidal, que era casado de la empresa Huarte, estaba casado con una Huarte, como Gabriel Navarro, Rincón de Jerez, que era un tamaño monárquico indiscutible. Bien, y estaban esperando en la calle por si era necesario que yo les dijera que subiera, y así sucedió. Que don Juan cuando me dijo que no, yo le pregunté por qué, que si era por su hijo, y dijo que no, que no era por eso, que no, que no, que estaba solo, que no, que no había quien lo apoyara, que no. Y le digo, no, entonces es porque ha sido por la conversación que ha tenido con su hijo en Mallorca cuando ha ido a arreglar el yate. Y me dice, yo Manfis, yo Manfis de Manfis. que en francés es una frase despectiva no demasiado, no ordinaria pero completamente despectiva me trae sin cuidado mi hijo entonces llamé a los que estaban fuera en la calle bajé un segundo para que subieran y el rey les repitiera lo que había dicho a mí porque a mí lo que me dolía es tantísimos monárquicos de buena fe que creían en que don Juan tendría la voluntad y el carácter de oponerse a su hijo designado por Franco, ya sucesor. Y ante ello, quise que repitiera, no se atrevía a decirlo, no quería decirlo, y entonces le digo, muy bien, yo diré lo que me ha dicho, y si no dice que no, ya sabéis lo que piensa. Y dije la frase en francés.
Adrián perales
Usted le dijo en voz alta para que todos supiesen lo que había dicho Don Juan en soledad.
Antonio garcía-trevijano
Eso, para que Don Juan no tuviera que repetirla. Me acaba de decir esto, que a su hijo le importa un bledo, nada. Y ellos, bueno, algunos se echaron a llorar, y todos dijeron que era el final de la monarquía, que sería la monarquía de Juan Carlos, y que veremos a ver lo que duraría, depende de nada. Y ya fueron, fue presionado tantísimo por ellos, por los monárquicos, algunos de rodillas, pidiéndole, llorando, que rectificara, que ya dijo, bueno... daré una posibilidad a hacer la declaración, y es que Antonio, por mí, convenza a Pedro Sánchez Rodríguez que es quien se opone radicalmente y que es mi consejero, y aunque hasta ahora yo he seguido de verdad y he escuchado siempre los consejos de Antonio, porque conozco su lealtad, aunque sé que es republicano, pero es un hombre leal, lo dijo la palabra, es un caballero, pues si él convence a Pedro Sainz Rodríguez se agarraron como un clavo ardiendo y todos me dijeron, ven Antonio, claro, ven pues claro que sí, entonces acepté y el rey nos invitó a comer él expresamente a don Pedro y a mí en un restaurante de Estoril donde no estaba puerta cerrada porque estaba rodeado de cristales con mucha luz la comida llegamos, yo fui con yo dije que yo lo aceptaba con la condición que uno de los tres de los que estaban allí que me acompañara para que fuera testigo porque si no yo sabía que iban a deformar todo lo que yo dijera. Y fue Javier Vidal el que vino testigo. Bien, llegué con Javier Vidal, ya estaba allí don Juan, sentado con don Pedro cuando yo llego, me senté enfrente de don Juan y Javier Vidal enfrente de don Pedro. Yo intento hablar... como me había pedido don Juan para convencer a don Pedro y don Pedro no me deja hablar ni medio segundo nada, empiezo a hablar, me interrumpe bueno, la primera vez, como yo no conocía a don Pedro bien, porque había discutido mucho con él de literatura y sabía cuál era su carácter, nada, no me extrañó siguió, pero vuelvo otra vez a hablar y nada sigue sin oírme, pero ni de verdad un minuto, no, que un minuto, un segundo dos segundos, me quita la palabra entonces le digo, señores, es inútil esta comedia don Pedro no me dejará hablar Porque él cree que no oyéndome, pues ya me habrá contestado. Y don Juan le pide a don Pedro que me oiga. Y don Pedro dice, pero ¿cómo? ¿Cómo dice eso Antonio? Yo pues claro que respeto que le tengo, claro que le escucho, siempre lo he escuchado. Y yo le dije, sí, claro, cuando hablo de literatura, pero de política no. Entonces él sigue, no, no, venga, venga, vamos. Y le digo a don Juan, si quiere usted entrar en la prueba, saque su reloj y le aseguro que no me deja ni un minuto. Aunque me esté diciendo que no es verdad, no es capaz de oír los argumentos, no puede soportarlo. Entonces, y Don Pedro se ríe, dice, no, ¿cómo es? ¿Cómo? ¿Cómo dice eso? Pues digo, porque ya lo verás, venga, pagamos la prueba. Hacemos la prueba y, en efecto, no medio minuto, ni un cuarto de minuto, ya me estaba interrumpiendo otra vez, ya, como no me gusta hacer el ridículo, le dije a Don Juan, bueno, es inútil, yo ya no lo intento más. Así que nada, que no venga, me doy por derrotado, Don Pedro, usted ha triunfado, y entonces Don Pedro se adelanta, se sube la... las gafas, que eran un gesto suyo muy característico, a la frente, se sacan, dicen, no, si yo no tengo, si usted no tiene que hacer ninguna declaración alemán, le dice, no a mí, a su señor, al rey, dice, no tiene que hacer nada, porque yo lo tengo ya todo calculado, y yo tengo aquí, en este papelito que tengo, voy a leer en la nomástica mañana, en su día, y en su día lo voy a leer, Y don Juan me pide, por favor, que me quede. Porque yo digo, yo me voy, yo no tengo interés. No, no me iba. Digo, hablemos de otra cosa, hablemos. Pero no de política, no, eso es imposible. Dice, bueno, pues escuche por lo menos el discurso que me tiene preparado don Pedro. Digo, muy bien, te acuerdo que lea. Lee don Pedro el discurso y cuando termina, don Juan Ancioso me pregunta, ¿qué le parece, Antonio, qué te parece, Antonio? Le digo, pues el discurso típico de un traidor. Por poco le da un ataque de apoplejía. A don Pedro era bajito, rechoncho. Bueno, se puso rojo como un tomate. ¿Cómo que me está diciendo? Yo, con toda calma, le decía, sí, le estoy diciendo que usted es el traidor de la monarquía. ¿Pero cómo? ¿Pero qué es esto? Y don Juan, un poco alarmado, ya dice, ¿pero cómo dice eso una cosa tan grave? Digo, ¿me quiere decir por qué? Digo, que vuelva a leer el discurso y yo le diré dónde está la traición. Vuelve a leerlo. Y dominándose la furia, don Pedro... Vuelve a leer y llega una frase donde termina el punto y digo, esa es la traición. Donde decía que el rey, el titular de la corona, es decir, don Juan, tenía que permanecer vigilante para que la monarquía en España no saliera de su sitio histórico, de su destino histórico y de su definición. Vigilante. Y digo, ya está, ¿qué quiere más? Le está designando que usted será el vigilante del rey que será su hijo. Bueno, yo no sabía entonces... Ya contaré que inmediatamente digo, además, como yo no puedo comer con traidores, me voy. No fue antes. Y no me fui solo llamando al coche, yo no iba con coche. Es que yo me fui solo. y no había dado diez pasos y me toca por la espalda, y era don Juan de Borbón. Que él, sí, me llevó a su coche, un Volkswagen me llevó a casa a través de Darcourt, y ahí llorando sobre mi hombro decía que estaba rodeado de traidores, que lo sabía, y que su desgracia es que la única persona leal, la única persona noble que había conocido en su vida, en la vida política, era yo, y que era un republicano. Y ahí me contó cómo su mujer y sus hijos, y sus hijas, ...le hacían la vida imposible para que renunciara... ...y abdicara todo el favor de Juan Carlos... ...¿cómo lo dejaban en la nevera vacía... ...y sin comer y sin bebidas?... ...todo eso me lo contó ahí... ...pero yo no sabía entonces... ...lo más grande... ...y es que cuando yo estaba diciendo eso... ...sin saber que además de los discursos... ...era un traidor de palabras... ...ya don Pedro... ...había estado en secreto sin que lo supiera... ...don Juan de Borbón en España... ...y había estado en España... preparado por Luis Balta Berner, el presidente del Banco Popular, que era muy amigo mío, yo no me dijo nada, no lo sabía, había estado en España con permiso de Franco para que convenciera al príncipe de que aceptara la sucesión cuando Franco... se lo ofreciera es decir que en el año 68 traicionó ya a Don Juan y no lo sabía y eso se ha sabido después figuraros que yo sin saberlo le llamé traidor a una persona que viene sin conocerlo de Don Juan para convencer a Juan Carlos que si Franco le ofrece la corona a Juan Carlos que la acepte por esa razón yo me extraño tantísimo y lo comenté y lo dije incluso en artículos que publiqué antes en conversiones a mis amigos a todos Me extrañó la frialdad y la alegría con la que el día en que don Juan me llamó a Estoril para que yo escribiera el borrador de las cartas a Franco y a su hijo Juan Carlos, antes de que llegara a Reilce y don Pedro San Rodríguez, me extrañó muchísimo la frivolidad con la que llegó don Pedro ante una tragedia tan grande para su vida, como era que el hijo traicionaba a su padre. Me extrañó su frialdad. Yo los invité a comer en el Hotel Ríos en Lisboa, a don Juan y a ellos dos, y estaban felices. Y yo me extrañó muchísimo. Ahora lo comprendo. Como que había triunfado don Pedro, pero había triunfado verdaderamente, en toda la línea, porque él había sido el instrumento principal para que Juan Carlos aceptara la monarquía, en contra de la voluntad de su padre. Esa es la escena real.
Adrián perales
Eso es lo que el descubrimiento de Anson, y que él mismo lo dice, es que don Pedro en el año 68 consigue, lo que usted ha contado, un pasaporte diplomático, porque él estaba en Portugal, exiliado desde que fue ministro de Educación en el 38, tuvo que salir de España, por diferencias con Franco. Y no volvió hasta el año 68, hasta 30 años después. Y fue a España con un solo cometido, que era convencer a Juan Carlos. Y le dijo a Juan Carlos, usted no puede vacilar cuando Franco se lo proponga. Usted no puede vacilar ni un minuto. Tiene que decir en el momento que sí. Porque decía don Pedro que eso no lo aceptaría. Entonces, lo que usted intuyó en 1974, en esa comida... o la frialdad que describe en el 69, es cierta, es lo que cuenta Anson.
Antonio garcía-trevijano
Exacto, exacto. Pero hay algo que cuenta Anson que a mí me sorprendió aún más, que no sé si, Adrián, tú lo habrás leído. No lo sé. Lo que cuenta es que yo no sabía, es que yo me fui de allí derrotado porque yo quería que Don Juan hiciera las manifestaciones alemán y todos los partidos de la oposición me estaban esperando. En Lisboa, en el Hotel Dix, me estaban esperando todos los partidos. de la clandestinidad empezando por Raúl Tierno Alejandro Ramos Marcos incluso Santiago Carrillo que en Portugal tenía entrada y estaban todos esperando para ver si ellos tenían que hacer la respuesta adecuada de apoyo a las declaraciones de Don Juan. Y llegué y le dije que no, que se había arrepentido y que no, que habíamos fracasado. Y ahí, justamente, en el Hotel Lys, es cuando dije, pero no hemos fracasado porque estamos unidos por primera vez toda la oposición aquí. Por lo tanto, yo propongo ya que de aquí nos vayamos a París para crear lo que luego se llamó la Junta Democrática en París. Ahí fue. Pero yo no sabía lo que... Y luego... Sucedió. No, lo que sucedió y que ha contado Anson, yo no lo sabía.
Adrián perales
Si lo puedes contar tú. Sí, pues lo que cuenta es que cuando Trevijano ya pensaba que había perdido la batalla, se va de esa comida, tiene esa conversación que no la cuenta Anson, que acaba de contar don Antonio, pues después de esta situación lo que sucede es que... Don Juan se mantiene firme toda la tarde en hacer las declaraciones. Se niega a recibir a Anson y se niega...
Antonio garcía-trevijano
No, no, que se mantiene firme no. Se había arrepentido de haberme dicho a mí que no. Efectivamente. Y estaba pensando en que tenía que volver a llamarme para hacerlas.
Adrián perales
Eso es.
Antonio garcía-trevijano
Eso es lo que pasó.
Adrián perales
Pero... Lo que me contó Anson a mí. Eso es. Desde el punto de vista de Anson era que se mantenía firme con las... Es como él lo cuenta, sí. Pero no es verdad.
Antonio garcía-trevijano
Porque él lo dice así, pero no es verdad. Porque Don Juan me dijo a mí que no y me equivocó. Fui ya diciendo que no. Y yo me fui diciendo yo, a partir de ahora ya, yo no necesito ir a intermediario de la monarquía para luchar por la república. Yo lucho a partir de ahora mismo por la república.
Adrián perales
Pues lo que me dice que cuente es que Anson y don Pedro están preocupados porque se dan cuenta de que don Juan, después de todo lo que ha pasado, está dispuesto a hacer esas declaraciones a Alemón, no les quiere recibir, tiene una comida con monárquicos o con empresarios, no lo sé, y se niega a recibir a los dos. Y don Pedro cree que lo único que puede conseguir que don Juan cambie de criterio y no haga las declaraciones alemón es Pemán, que ya estaba además muy mayor con Parkinson. Entonces cuenta Manson que Pemán viaja de Jerez a Madrid, coge un vuelo de Madrid a Estoril. Solo, con ochenta y tantos años, enfermo de Parkinson, solo para decirle a don Juan que no haga las declaraciones. Y lo que narra es que interrumpe esa comida o una reunión que tenía con el rey, una cena. Y que incluso Pemán tropieza y don Juan le agarra para no caerse y le dice, su majestad no puede hacer esas declaraciones, no puede hacerlas. Y don Juan ahí le dice que reflexionará. Y después le tira los papeles con las declaraciones. Don Juan le tira los papeles a Anson y le dice, ahí tenéis vuestras declaraciones, no las haré. Exacto. Y bueno, la conclusión que saca Anson es, si no llega a ser por Pemán, el joven notario hubiera derrotado al viejo zorro monárquico. Claro, porque usted era 30 años más joven que Don Pedro, por lo menos.
Antonio garcía-trevijano
Y además mi relación con él era muy buena, era cordial, pero yo no sabía, es más, entonces recordé que la primera vez que Juan Carlos tiene la debilidad del Liz, después del nacimiento de su hijo Felipe y de haber asistido aquí don Juan a su bautizo y de haber organizado yo todas las visitas que tuvo don Juan de Borbón, el padre, en la zarzuela, Cuando ya se fueron, me invitó a comer Juan Carlos y yo solos en la zarzuela. Y ahí, ya estando en los postres, Juan Carlos, lo he contado otra vez, me pidió que yo averiguara si Eugenio, que era el secretario de la oficina de Estoril, estaba de parte de sus padres, de parte suya. Y como yo eso nunca le había dicho en mi presencia, ni le había oído eso nunca, se decía que era posible, pero no. Entonces, cuando me dijo eso, Me quedé, como siempre le he hablado con la misma franqueza, le dije, mira, tú tienes mucho, le he hablado de tú, porque él me conoció como si yo fuera mexicano y corredor de automóviles de carrera, le he hablado de tú y yo he seguido hablándole de tú. Bueno, le dije, no, tú tienes muchos cortesanos para que te hagan ese favor, yo no lo haré porque es indigno. ...y no lo podré hacer... ...pero lo que me has dicho es tan grave... ...que yo de aquí me voy ahora mismo... ...y llamaré a tu padre por teléfono... ...para decirle que voy inmediatamente a Estoril... ...a contarle lo que me acabas de decir... ...y me fui... ...entonces llamé a don Juan, me fui... ...y lo que voy a contar porque se refiere a don Pedro... ...me citó don Juan... ...en el hotel Palacio... ...que hay abajo en Estoril... ...un hotel pequeño pero muy agradable... Cuando llego yo, claro, siempre iba con coches muy rápidos, pues llegué, a pesar de la distancia, llegué bastante rápido, y estaban ya allí, pero yo llegué a tiempo. A las nueve y media de la noche, por ahí era. Y cuento, estaban don Juan y don Pérez, cuento literalmente lo que me ha dicho el príncipe Juan Carlos. Y subiéndose las gafas, como siempre hacía, cuando una cosa le emocionaba, decía pues si el príncipe dijo no me parece que no estoy muy seguro creo que dijo si el principito si el principito dice que traiciona a su padre y ya está pensando en que se ha dicho eso a partir de ahora yo ya no le llamaré su alteza a partir de ahora le llamaré su bajeza bueno y con eso creo yo que había regalado el tema pues bien figuraros este hombre que decía eso estaba ya preparando que si era nombrado Juan Carlos sucesor, que aceptara. Ese hombre, esa doblez que se considera normal en los políticos, esa doblez de un católico monárquico, esa falta de palabra, esa falta de sentido del honor, ese espíritu de traición, es el que rodeó permanentemente a don Juan de Borcón.
Adrián perales
De hecho cuentan que en el año 66 hay un momento en el que don Juan ve en Juan Carlos una doblez y cree que su hijo le va a traicionar. Entonces dice, os he reunido esta noche a vosotros que tenéis toda mi confianza para explicaros algo que ya conocéis. Esto don Juan, supongo que a su gabinete, a su secretariado. El príncipe ha salido hoy de mi autoridad. y ha desobedecido una orden mía. Debo decir que ya tiene 28 años y en muchas ocasiones su criterio no coincide con el que yo tengo.
Antonio garcía-trevijano
Bueno, entonces... Eso es verdad porque yo, me lo contó don Juan, pero no en la fecha esa, no. Eso fue después de los informes que yo le había transmitido, no sé si, no me acuerdo exactamente si fue un año después, pero fue posterior. Pero es verdad, lo que cuenta ha sido, pero la fecha no. Por lo menos lo que me dijo mi don Juan.
Adrián perales
El caso es que, don Pedro, cuando ve que todo el mundo está de acuerdo en hacer algún tipo de represalia con Juan Carlos porque se hubiese salido de su autoridad... Don Pedro, aquí cuentan, son que tiene un discurso brillante y le dice... ...le dice, ah, de manera que es vuestra majestad, piensa que es tan alto, tan guapo y tan listo que todo lo sabe... ...y los demás somos unos percebes incapaces de prever las cosas más elementales. Pues no, no es así. Hay algunos menos listos que vuestra majestad que teníamos todo esto previsto desde la entrevista del Azor. Pero qué ideas ha formado vuestra majestad de quién es Franco. Pero es que todavía no se ha dado cuenta del personaje que tiene enfrente...
Antonio garcía-trevijano
Yo la verdad eso no lo creo, lo cuenta Anson, y me parece bien, Anson es un escritor literario, tiene fantasía, y escribe bien, pero yo no me imagino.
Adrián perales
a don Pedro pronunciando ese discurso llega un momento que es muy agresivo al final lo que viene a decir es que no se le puede dar patadas en el culo a Franco que lo que hay que hacer con Franco es engañarle y que de ninguna manera se va a iniciar una acción contra Franco en fin, ni contra su hijo Juan Carlos lo que ya parece decir bueno, pues ahí está diciendo entonces la verdad al final sí ya confesando que lo que va a proponer es la traición
Antonio garcía-trevijano
suponiendo que con esa tradición engañará la monarquía a Franco. Claro que no la ha engañado, porque ha habido una monarquía franquista, eso es evidente.
Adrián perales
Y luego hay otra cosa que dice, porque es curioso, a mí me llama la atención, que en Testimonio y Recuerdos y en Un reinado en la sombra, que escribe don Pedro, son los dos libros biográficos que escribe don Pedro, no le menciona usted ni una palabra.
Antonio garcía-trevijano
Naturalmente, ¿cómo iba a mencionar? Eso es imposible. Yo era la bicha para él y que me opuse a él, que le dije la verdad. Y además yo le dije a él, ¿verdad? Usted sabe de literatura, pero de política no sabe más que fascismo. Eso se lo dije aquel día en la mesa. Usted, claro, para ir a ver a Mussolini a preparar las armas para Franco, muy bien, pero de política de libertad usted no sabe nada. La prueba, y le dije esto, la prueba es que usted mismo me consulta que qué pasó en la Revolución Francesa, en la Revolución Rosa, porque usted no ha estudiado nada más que aquello que a usted le interesaba, lo que a usted le gustaba, pero lo acontecimiento histórico no lo ha estudiado. Todo eso me he enfrentado con él y se lo he dicho, pero al principio, antes del enfrentamiento, nos llevábamos muy bien, porque solamente hablábamos de literatura, y especialmente de literatura mística, que es la que él conocía.
Adrián perales
Claro, conociéndole a usted, estoy seguro que era consciente del momento clave que vivía el día de la comida, el día de la comida del 20 de julio.
Antonio garcía-trevijano
Sabía que era definitivo, no que clave, que se vea que era definitivo, que ahí estaba todo.
Adrián perales
Claro, usted los nervios no los conoce, pero no sé si en ese momento lo estaba. No, no, pero me decí tranquilo, de verdad. ¿Y el argumento que pensó que iba a usar con don Pedro? Porque sabía que don Pedro no era fácil de convencer.
Antonio garcía-trevijano
Yo no me esperaba que fuera tan torpe de haber escrito una frase donde se confesaba que era un traidor. Eso fue un regalo que me hizo. Ya está. Yo sabía que argumentos no tenía ninguno. Que él no tenía idea de política. Si él no sabía de política, lo que era un hombre muy inteligente. Y además tenía un truco. Y es poner a todo el que hablaba con él, lo ponía ante... El problema de medios y fines es la coherencia, pero sin decirlo. Le decía, pero usted propone tal cosa, ¿cómo? Y se proponía un disparate como, por ejemplo, ah, usted tiene un ejército detrás para eso. El otro ya estaba hundido. Todos los monícaros que iban allí le tenían pánico a don Pedro porque sabían que los ponían ridículos. Pero a ver, pues figuraron conmigo, más ridículos aún que a mí me pudieran impresionar sus trucos infantiles.
Adrián perales
Luego hay otra cosa que dice Anson y es que incluso durante el año 75 duda de si debió hacer las declaraciones a Alemón. No tiene ningún contacto porque es que, no recuerdo bien, pero algunos libros que no son muy fiables sí que dicen que después hubo algún intento de Rafael Calvo, no sé si suyo, don Antonio, de que en el año 75 antes de morir Franco... No, yo no volví a ver a Don Juan.
Antonio garcía-trevijano
Y no tengo ningún conocimiento de que Rafael Calvo Serer, ni nadie que yo conociera, intentara volver a enfrentar, a intentar que Don Juan se enfrentara con su hijo. No tengo conocimiento de mi parte de nada. Yo me aparté definitivamente. Cuando le dije adiós, le dije adiós para siempre.
Adrián perales
¿Y Carrillo qué decía acerca? ¿Le parecía porque tenía que estar conforme con la estrategia?
Antonio garcía-trevijano
No, Carrillo estaba muy esperanzado cuando vino a Portugal esperando la declaración de Don Juan. Estaba muy esperanzado. Y luego cuando yo le dije, no importa, estamos unidos, estaba en Portugal, lo importante es que estamos unidos. Lo que hace falta ahora es esta unidad de pensamiento y de expresión que cada uno por su lado estaba dispuesto a apoyar las declaraciones de Don Juan. Esos 14 puntos vamos a declararlos nosotros, vamos a unirnos en una asociación de toda la oposición y lo hacemos nosotros. Y eso le entusiasmó. Y nos citamos en París, y ya en París vinieron, y ahí se nació la idea en París de la Junta Democrática. Yo propuse Junta Democrática en recuerdo de los antecedentes históricos de las juntas españolas, y Tierno Galván fue el que la añadió de España. Y nos pareció a todos muy bien. En París. En el Hotel Loti fue esa reunión.
Desconocido
Y...
Adrián perales
Claro, luego ya se formó la Junta Democrática y bueno, pues se inició el PSOE, no quiso entrar.
Antonio garcía-trevijano
No, pues también interesa conocer por qué no entró el PSOE, porque yo para formar la Junta Democrática tuve un truco, una habilidad, puesto que todos habían fallado, todos los antecedentes de la oposición a Franco habían fallado. en lograr la unidad de toda la oposición, y por eso fue el fallo de Múnich, y habían fallado Madariaga, Gil Robles, habían fallado todos los que intervinieron en aquellas reuniones. Pues yo no quise fallar. Y para no fallar, ¿qué es lo que hice? Pues no comunicar a nadie que se estaba haciendo una junta, una unión. Solamente hablaba uno a uno. Y le decía, ¿tú estás de acuerdo con estos principios? Sí. ¿Estás de acuerdo en que si con estos principios te unieras con otros que pensaran exactamente igual? Sí. Pues bien, nada más. Y le daba una letra, no su nombre, letra A. Y empecé con el Partido Nacionalista Vasco. con el representante que viajaba a Madrid mucho porque tenía cáncer. Y luego seguía así con todos los que fui hablando, hasta que Comisiones Obreras me dijo que Santiago Guerrillo quería verme en París. Cuando ya iban, habían integrado de esa manera, con letras, no solo el Partido Nacionalista Vasco, sino la Asamblea de Cataluña, a través de Andréu, Estaban integrados Alejandro Rojas Marcos, en nombre de la Junta de Andalucía, donde la Junta no existía, José Joaquín de Aguilar en nombre de Canarias, había comisiones obreras, estaban ya... Y después de todo eso fue cuando fui a París y Santiago Grillo les puso el IDM y me dijo, yo de acuerdo, formo parte de la Junta. Entonces todo eso lo hice después... para obtener las declaraciones antes de la Junta, para que cada uno, si don Juan hacía esos mismos 14 principios, ellos lo apoyaban. Y cuando don Juan fracasó, fue fácil, llamaron todos, vamos a París, fueron todos, y hacemos la Junta Democrática. Claro, porque don Juan se lo pidió, don Juan le pidió... Ah, es que don Juan me dijo que no haría las declaraciones Le Monde si no estaba apoyado por toda la oposición democrática. Y yo acepté ese desafío, y lo logré.
Adrián perales
Usted puso de acuerdo a todo el mundo. Sí. Y todo esto a espaldas de don Pedro. Claro, si se entera don Pedro de lo que está sucediendo.
Antonio garcía-trevijano
Hombre, y a Reiza y los morgánicos, eso lo hacía todo en secreto. No sabía nadie. Y Franco, fíjate. No, pero yo sabía guardar muy bien. Yo sabía actuar muy bien en la clandestinidad. Tenía de verdad especial habilidad para no ser descubierto y hacer todas las acciones clandestinas y que no se entrara nadie.
Adrián perales
¿Tenía usted alguien, algún secretario, alguien que le ayudaba? ¿Estaba solo?
Antonio garcía-trevijano
No, si llegó a tener un secretario ya aseguró que había un punto flaco donde lo hacía todo solo y personalmente.
Adrián perales
Ni en su despacho, supongo.
Antonio garcía-trevijano
Ni en mi despacho. Ni tomaba notas. Por eso no tengo notas. Porque yo tenía que ser continuo, tenía que tener toda clase de precauciones. Yo por eso tengo tantísima vida política y no tengo notas tomadas porque era clandestina. Y yo no quería dejar notas ni siquiera en mi casa. En ninguna parte. Porque yo no sabía que sería abortado y derrotado.
Adrián perales
¿Y su familia sufría, don Antonio? Porque en esa situación...
Antonio garcía-trevijano
La única que... Bueno... Mi mujer, sí, mi mujer es francesa, pero sufría, pero tenía mucha preparación política, mucha cultura política. Por ejemplo, no sufrió y le encantó, ha sido la época donde más unida estaba conmigo en la política, le encantó que yo hiciera sólo la independencia de Guinea. Eso le encantó, porque venían a casa, la conocían todos a ella, venían a entregarme los discursos, y los siguió muy de cerca, los leía los discursos que yo preparaba, y siempre me dijo que los que más le han gustado siempre de todos mis libros y discursos, eran los que ponía en boca de los guineanos. Pero luego, en lo demás sí tenía miedo, pero sabía que era inútil, que yo no podría disuadirme. Mis hijos eran pequeños y no... Bueno, cuento una anécdota graciosísima de mi hijo mayor Pablo, que estaba en el liceo francés cuando la independencia de Guinea, no, cuando la difamación mía sobre la independencia de Guinea. Y en una clase francesa, llegó tarde... Y en medio de ese ambiente de difamación sobre mí le pregunto al profesor, pero señor Trevijano, don Pablo, ¿por qué viene usted tan tarde? Le dice, perdone, es que vengo de Guinea. Entonces eso me di cuenta que México tenía un enorme valor y una ironía que estaba por encima de lo común.
Adrián perales
No, hay que tener valor para en ese momento decir eso, con el ambiente. No, pero eso tuvo que ser muy doloroso, entiendo, don Antonio.
Antonio garcía-trevijano
Para mi mujer sí, y todavía lo he olvidado. Por ejemplo, el otro día, por primera vez, después de haberme difamado hace tanto tiempo, Juan de Goiti solo, habló con Federico, no sé por qué, son amigos, y le dijo que estaba equivocado, que no había sabido, le contó que Amnistía Internacional mismo me pidió perdón y publicó que era falso todo lo que se había dicho de mi dignea, y como él me difamó en el país sumándose a lo que se decía, que yo redactaba sentencias de muerte en Guinea y que era el dueño de toda Guinea, pues tonterías de ese tipo, pues él le dijo que publicara en nuestro diario, en la radio, la admiración y respeto que sentía por mí. Cuando se lo trasladé a mi mujer, vi que eso le sigue produciendo una enorme alegría. Ella lo que más ha sufrido ha sido con mi difamación, más que con los peligros que corría, porque sabía que eso era inevitable, que no lo podía evitar. Pero ella sufrió muchísimo con mi difamación.
Adrián perales
No se guarda usted nada, don Antonio.
Antonio garcía-trevijano
¿En qué sentido?
Adrián perales
Por ejemplo, yo recuerdo en un debate que dijo, pero yo creo que sí que lo ha contado después, dijo que solo hay una cosa que don Juan le pidió, que no contase jamás. Y que eso usted lo respetó, que no tiene usted por qué guardar silencio de nada, porque la verdad está por encima, pero que en concreto una conversación que tuvo con don Juan, que eso no lo contaría.
Antonio garcía-trevijano
Es cierto, es verdad. Y le prometí que nunca lo contaría y yo soy fiel a mi promesa. Lo que puedo decir es que es un asunto que deja en un pésimo lugar a su hijo Juan Carlos y a su familia entera. Y no lo pienso contar. Nada, y no lo contaré.
Adrián perales
Vos quisieras ir a la conversación de Palma de Mallorca.
Antonio garcía-trevijano
Pues sí, pero no lo contaré porque no tiene interés político. Si tuviera interés político, cuando me dijo no lo cuente nunca, le hubiera dicho, no, no se lo puedo prometer porque tiene interés político. Como no tiene interés político, era una cosa puramente interna, familiar y personal, le dije, tenga la seguridad que nunca en mi vida lo contaré. Y no lo haré. Bien, Adrián, ¿qué más? ¿De qué más? ¿Otro tema siquiera o del mismo? Continuamos, hablamos de otro, ¿qué quieres?
Adrián perales
Bueno, pues tenía aquí preparado, pero no sé si tiene cuenta, describe Ansona de un Pedro, pero la verdad que lo ha descrito usted ya bastante bien. Dice, por ejemplo, que estaba, dice, está horondo y lustroso como la carrocería de un viejo automóvil de lujo, el pelo blanco repeinado con feroz coquetería, le amarilla en las puntas.
Antonio garcía-trevijano
No, no, no, no, eso yo no, hay mucha literatura que está bien, pero que no responde a la realidad. Ni era pelo blanco del todo, no, no, eso no. Que era oriundo, sí, pero era un tipo bajito, muy feo, que no tenía interés en ninguno. Físicamente era casi un sapo.
Adrián perales
Dices un conversador formidable. Eso es verdad.
Antonio garcía-trevijano
Pero él no dejaba hablar. Un conversador formidable es el que deja hablar. Él era formidable como soliloquio, para dejarlo hablar a él, que no se cansaba nunca ni daba la palabra a nadie.
Adrián perales
Supongo que no le dejaría usted hablar porque tenía usted 30 años menos. No, pero tenía respeto.
Antonio garcía-trevijano
Me tenía respeto literario, aunque yo no era especialista en literatura. Pero además lo dijo a Ramón Padilla. que era una persona excelente, que tenía de europeo, y que me tenía muchísimo afecto a mí, y que era secretario de Don Juan. Don Pedro le dijo a Ramón Padilla, según me dijo Ramón Padilla, dice, es que de todo lo que viene de España, lo único que yo disfruto es cuando viene Trevijano, porque es con el único que puedo hablar de tú a tú, dijo él. Y cuando me lo dijo Ramón Padilla, digo, eso no sé cómo se lo he dicho, porque de tú a tú no hablaría de mística, porque hay eso que dice, no, no, no, no, se ríe y dice, de mística no hablo. Pero eso es una anécdota, quiere decir que me respetaba don Pedro.
Adrián perales
Y luego decía, por ejemplo, si adhiera a su conversación, él, no, perdone, dice, bueno, debería decir que decía muchos tacos mientras hablaba y que tal cosa adhería a su conversación continuamente. Es verdad. Y que no le sonaba forzado, como esta gente que cuando habla y dice tacos parece que... Ah, no, él los tacos los decía con naturalidad, es verdad. A mí me cuesta trabajo, Antonio, creer que don Pedro no le deja... Quiero decir, claro que le creo, cómo no lo voy a creer, pero quiero decir que conociéndole a usted es difícil pensar que don Pedro le acallase hasta el punto de que usted no pudiese decirlo.
Antonio garcía-trevijano
Claro, porque yo tenía educación y como siempre que era inútil, a mí no me calla. Yo nunca lo tomé como un enfrentamiento personal. Él no quería que don Juan escuchara mis argumentos, ni él quería escuchar mis argumentos, porque no tenía respuesta, eso lo sabía. Entonces, ¿para qué voy yo a enfrentarme verbalmente con él si sé que don Juan lo sigue a él y que ya ha vencido? ¿Para qué me voy? Digo, me voy. Usted es un traidor y me voy. Pues el insulto de decirle usted es un traidor es infinitamente un discurso muy superior a todo lo que yo podía haber dicho de él. Yo estaba tranquilo. Para mí, lo derroté como persona y me fui. ¿Que don Juan no cumpliera su palabra con Lemón? Muy bien. Yo tampoco era garantía de que cumplía su palabra. Me lo había prometido, allí estaba demostrado ante testigos que era verdad la promesa, allí estaba todo acreditado que era verdad lo que yo decía, y si no cumple su palabra, pues ya eso no es asunto mío. Y a don Pedro yo no quería derrotarlo en sus argumentos porque no tenía argumentos. Si su discurso era ridículo, que traducir a don Juan al papel de sereno de su hijo, de vigilante, pues eso era ridículo. Yo no tuve nunca conciencia de que don Pedro me callara, al contrario, yo tenía conciencia de mi absoluta superioridad moral e intelectual sobre don Pedro. Nunca lo consideré superior a mí en ningún terreno. Sí, es verdad que lo reconocí superior en la mística porque había estudiado 30 años de su vida y yo había leído, pues no sé, a parte de Santa Teresa y a San Juan de la Cruz, al maestro Écar y a algunos, y a Bome y a algunos místicos alemanes, pero poco, muy poco. Comparado con él, yo era nada.
Adrián perales
Claro, es que en el fondo, en esa discusión, don Antonio, era imposible que don Pedro Cambesa, de parecer, era lo que él llevaba diseñando mucho tiempo. Él estaba encantado con que Juan Carlos aceptase el nombramiento.
Antonio garcía-trevijano
Pero si habíais venido a España, nada menos que con permiso de Franco, para competir, ¿cómo iba yo a derribar ese muro? Eso era imposible. Hubiera hecho lo que hubiera hecho.
Adrián perales
Sí, era imposible. Había que haberle pegado un tiro.
Antonio garcía-trevijano
Exactamente, eso no cabía más que eso, imposible. ...o asesinarlo... ...y es más... ...yo me fui convencido... ...que don Juan... ...estaba entregado en sus manos... ...por eso para mí ha sido una sorpresa enorme... ...lo que cuentan son... ...que don Juan después consideró que yo había triunfado... ...y que mis argumentos eran válidos... ...y que don Pedro no tenía argumentos ninguno... ...más que la traición... ...y de luego cuando me dije... ...don Juan... llorando de verdad, con lágrimas saltadas, abrazado cuando me despido, diciendo que estaba solo y que él sabía que estaba rodeado de traidores, eso, vi su desprecio por don Pedro, eso es cierto, se refería a don Pedro, que había confiado en él y descubría al final que era un traidor. Y para mí eso era suficiente, ya está. Bueno, muy bien. Que me derrotaba la tradición. Bueno, que me derrotaba que yo no podía dominar la voluntad del rey dinástico. Bueno, y eso no es culpa mía. Pero yo hice las obras, las hice bien. La obra política la hice bien. También, como hice la obra siguiente por la Junta Democrática. Yo ahí vencí. Que luego me traicionaran todos pensando por Santiago Carrillo, ¿y qué culpa tengo yo de eso? Que sean traidores. Pero yo preparé todo el escenario para el triunfo de la democracia, para la ruptura del franquismo por medio de la libertad política. ¿Y qué culpa tengo yo? Sí, hubiera sido yo un iluso si hubiera pensado que Felipe González o el Partido Socialista iban a romper con el franquismo. Eso es imposible. Pero yo nunca estuve engañado ni medio día, ni media hora, ni medio minuto. Yo el engaño lo padecí con Santiago Carrillo nada más, ni siquiera de Comisiones Obreras, porque Comisiones Obreras le pedía la función que luego más o menos pudo cumplir durante algún tiempo, después ya también se desvió, pero de Santiago yo no podía concebir, lo he repetido, que un partido comunista con tantísimas víctimas, Uno fusilado, otro en las cárceles. Tantas difamaciones, tantísima sufrimiento y dolor pudiera ser traicionado por Santiago Garrillo con solo pisar la alfombra roja del despacho de Suárez. Eso no lo podía yo imaginar. En efecto, fui un ingenuo. Pues lo confieso, sí señor, es verdad. Me engañó Santiago Garrillo.
Adrián perales
Nada más. Don Antonio, usted conoció a don Juan, supongo que por Rafael Calvo Serer. Sí, sí. Así fue como... Así lo conocí, sí. Sin estar en ese ambiente, claro.
Antonio garcía-trevijano
Yo en el ambiente monárquico nunca estuve, ni entonces, ni en ninguna época, ni después, por ejemplo. Al conocer mi existencia... monárquicos que estaban en Madrid representados por el Visconde de Camazo me recuerdo una asociación que se llama Amigos de Maestu los Lucas de Tena, los Pablo de los Padres Ignacio, me llamaron todos enseguida nada más que conocer mi presencia allí para ofrecerme todo secretario general de todos los partidos yo rechacé todo, yo no soy monárquico yo quiero ayudar a la caída de Franco y para eso es necesario contar con los monárquicos y con Don Juan y por eso estoy dispuesto a colaborar y ayudar pero yo no soy monárquico Por eso también rechacé que el propio don Juan llegó a estar tan impresionado que antes de nombrar, por mi actuación, que antes de nombrar secretario del Consejo Privado a José María Arelta, quiso nombrarme a mí. Y yo dije, no, eso es imposible. Entonces me digo, bueno, si no puedes ser tú el secretario ni organizar mi consejo, por lo menos proponme el nombre de consejeros que sean leales, que no me vayan a traicionar. Y entonces le nombré a José Muñoz Seca, a Luis Geusía, a Condor de los Betanes, a Javier Rincón, a Javier Vidal. Le nombré a cuatro o cinco personas que yo creía, porque las conocía directamente, que estarían a favor de Juan Carlos. No, perdón, a favor de don Juan, y que no apoyaría la traición de Juan Carlos. Y lo han vuelto los consejeros. Pero yo nunca acepté, pero eso no quiere decir que yo no tuviera contactos muy frecuentes con los círculos monárquicos antifranquistas. En cuanto sospechaba que no había antifranquismo, me retiraba en el acto.
Adrián perales
Bueno, don Antonio, pues hemos consumido el tiempo, es hoy, creo que va a ser el último debate político de esta temporada, estoy muy agradecido por todos estos programas, espero que los oyentes hayan disfrutado como he disfrutado yo.
Antonio garcía-trevijano
Pero hoy es miércoles, ¿no?
Adrián perales
Hoy es miércoles, no es el último, claro, mañana hay programas, pero... ¿Tú ya no intervienes el viernes?
Antonio garcía-trevijano
...el viernes... ...el sábado... ...luego no es tu última intervención... ...pero sí para los oyentes de tu programa... ...yo quiero decir... ...que el nombre de Adrián Perales... ...está incorporado ya a la historia... ...del movimiento... ...no sólo del movimiento de la República... ...republicano... ...sino también a la historia de la libertad política... ...colectiva... ...Adrián Perales ha desarrollado... ...siendo tan joven... ...pero tiene condiciones de inteligencia... ...y de honradez mental tan grandes... Que él ha sido protagonista simbólico por su juventud pero real de la maravillosa concepción que tiene ya a su edad de la política y de lo que es la lealtad, lo que es la democracia formal y no ha cometido un solo error que yo haya podido percibir y además estoy seguro que no. en todos los programas donde ha intervenido. La prueba es que todos los catedráticos de economía, las personalidades, todos los que han intervenido, le tienen un respeto y cariño enorme por su manera educada, inteligente y flexible con la que ha conducido siempre su programa. Enhorabuena, Adrián, te lo has merecido y yo estoy orgulloso de que tú seas uno de mis seguidores.
Adrián perales
Muchas gracias, don Antonio, se lo agradezco muchísimo. Un minuto de publicidad y seguimos aquí en Radio Libertad Constituyente.
Antonio garcía-trevijano
De 8 a 10 y media de la mañana, Libertad Constituyente.