Hoy en “Diálogos de Somosaguas” Antonio Garcia Trevijano y Federico Utrera conversan sobre la interesante biografía del entonces Notario. Ejerció en Zaragoza donde vivía en un ambiente de lujo. En contraste con su origen profesional se remonta a Utrillas y Montalbán, pueblo humilde minero, de donde recuerda con afecto, experiencias y anécdotas.
DS La vida de Trevijano en Zaragoza (I)
Desconocido
Amén.
Locutor 00
un día más en los diálogos de Somos Aguas esta vez desde Zaragoza donde tenemos el privilegio y el placer de disfrutar de la conversación con Antonio García Trevijano y donde tendremos la ocasión de hablar también de esta provincia y de algunas de sus vicisitudes que entran de lleno en la biografía y en la historia política y personal de nuestro protagonista Antonio García Trevijano Don Antonio, usted fue notario aquí pero además aquí tuvo experiencias políticas y vitales notario de día, político de noche esa doble faceta estando con la alta sociedad de Zaragoza, de Aragón pero también con las clases más trabajadoras las clases menos favorecidas ¿cómo fue ese recuerdo que tiene de Zaragoza?
Antonio garcía-trevijano
en primer lugar el gran hotel Que para mí, luego, cuando vi la película, que ya la había visto yo entonces, creo, no, no, que la vi después. El Gran Hotel, la gran película, que el autor es Blasco Ibáñez, del libro. Pero la película, la protagonista es nada menos que Greta Garbo. Y Wallace Berry, que hizo un papel extraordinario. La secretaria suya era Joan Crawford. en la película, y era extraordinario el papel, uno de los hermanos, el más jovencito, el más presumido, Barrymore, no era bueno su papel, pero la película sí, y yo vivía en el Gran Hotel, aquí, en un ambiente de lujo, en el Gran Hotel, pero yo venía de un pueblo miserable, que era Utrillas un pueblo dedicado exclusivamente a la explotación de las minas de carbón que había en el subsuelo de Utrillas Utrillas estaba a 4 kilómetros de Montalbán y Montalbán era la sede de mi notaría de la primera notaría que yo tuve fue Montalbán y ahí tuve una experiencia muy grandes en muchos sentidos por ejemplo el mismo día que tomé posesión me visitan el manager, el director general de las minas de Utrillas y del ferrocarril de Utrillas, porque la empresa de los condes de Figols, catalanes, era propietaria de las minas y de un ferrocarril que hacía el trayecto desde Utrillas a Zaragoza, que Utrillas está en Teruel, bastante lejos, y el primer día que tomé posición a 20 grados bajo cero, yo ni siquiera podía levantar la vista del ni sabía con quién estaba hablando, del frío tan espantoso. Me visitan los dueños para pedirme que si yo como notario podía encargarme de inscribir en el registro de la propiedad los terrenos, las superficies, las fincas, debajo de las cuales estaban las galerías mineras de carbón. Me quedo extrañado de la pregunta. Digo, claro que lo hago. Es mi oficio y sí. Dice, es que es muy extraño ...porque nosotros llevamos ya varios años... ...intentando hacerlo... ...hemos venido a ver a todos los notarios... ...y a los registradores cuando cambian... ...y tenemos la costumbre de venir... ...a la toma de posición de un nuevo notario... ...para preguntarle si sabe o quiere o puede hacerlo... ...y digo, vuelvo a decir... ...que me extraña muchísimo su pregunta... ...porque eso para mí es el ABC... ...no es nada... ...ese trabajo claro que lo puedo hacer... ...¿cómo que usted puede hacer... ...registrar la superficie... ...de todos los terrenos donde están... ...digo, desde luego... ...es que no están inscritos en el registro de la propiedad... ...yo lo supongo... ...cuanto ustedes me están pidiendo... ...es porque no están inscritos... ...y lo que me están pidiendo es... ...un proceso no de inscripción... ...sino de inmatriculación... ...que es cuando por primera vez... ...un terreno, una casa... ...se inscribe en el registro de la propiedad... ...claro que puedo hacerlo... ...y cuánto tardaría usted en hacerlo... ...digo muy pronto... ...si me ayudan ustedes dándome un buen inscribiente... ...digo cuánto... ...yo no conocía el terreno... ...cuántas fincas habrá dividido... ¿qué debajo usted la mira? dice, hay muchísimas pues le digo, ¿qué habrá? cien, dice, no, no, muchas más como eran fincas pequeñas en un pueblo pobre pues habrá mil, dice, pues quizás no tanto, pero por ahí si me dan usted un escribiente con buena letra que yo le dicte, además del mío con dos escribientes dictando a dos pues yo eso en tres meses lo tengo terminado no se lo creían entonces me hicieron llamar por teléfono delante de allá al registrador de la propiedad que se llamaba Bonilla, que vivía en Valencia lo llamé por teléfono porque lo pedía el registro, me lo dieron, lo llamé, soy el nuevo notario, estoy delante de ellos, me han visitado los condes de Figores y el gerente para ver esto y me dicen que no se inscribe, si es verdad es cierto que hay unos problemas muy serios, que no, hasta ahora los notarios, pues no, es verdad que no se han inscrito, digo, tú tienes dificultad en inscribir, si yo hago actas de notoriedad, nada más, firmadas por dos testigos que acrediten que son dueños del tiempo inmaterial y nada más que haga actas de notoriedad. Dicen, no tengo ningún inconveniente en matricularla. Y estaba delante, ven ustedes, con el registrador, me espera que lo haga y lo escribe. Bueno, ellos no se lo creían. Dicen, es que nos parece un milagro. Digo, ¿por qué? Dicen, no, porque estaban pendientes de pedir un crédito muy importante. al banco de crédito industrial, y no podían hacerlo si no tenían hipoteca, y no podían hipotecar las minas si no tenían inscrito su nombre, el terreno, la superficie. Yo les expliqué que la propiedad se extiende al cielo hacia arriba y al infierno hacia abajo. Entonces yo les expliqué por qué en el espacio aéreo, los aviones, la propiedad, Bueno, se quedaron locos y yo me puse a trabajar y me fui. Como el primer día era tan espantoso que quise lavarme y no pude, en Montalbán ni las manos, porque el jarro de agua en mi cuarto, que era como una palangana, no había agua corriente, era un bloque de hielo, no podía ni lavarme. Entonces ya ellos, claro, se dieron cuenta y yo no podía vivir allí en Utrilla, que estaba a cuatro kilómetros. Entonces ahí conocí, tuve la fortuna de conocer a los dos ingenieros, uno que ha casado con su mujer y otro soltero, que eran muy aficionados a lo que entonces eran aficionados, me acuerdo, el deporte, como ahora, y eran gente muy simpática, muy educada, y con ellos pude tener una vida más civilizada, más higiénica y más confortable allí. Y aproveché esa vivencia para entablar amistad con un mundo de la mina que yo desconocía.