Segunda parte de la vida Antonio Garcia Trevijano, que relata a Federico Utrera sus amistades con camioneros y mineros, sus viajes en tren, las aventuras con su Pegaso y como lo consiguió. Con este coche viajaba mucho a Madrid, donde recuerda que encontraba un ambiente triste, desagradable y represivo. En cambio en Barcelona encontró una manifestación de estudiantes donde escuchó por primera vez la palabra libertad. Desde entonces volvía a Barcelona siempre que podía, e incluso presidió la ultima Diada en la clandestinidad. En cambio ahora no va a Barcelona, porque en lugar de encontrar un ambiente de libertad, se siente extranjero.
DS La vida de Trevijano en Zaragoza (y II)
Antonio garcía-trevijano
Mineros, camioneros, trabajadores Empecé con los camioneros que luego lo contaré que cuando llegué con el Pegaso se volvieron locos de pensar que allí en aquel pobrecito estaba un Pegaso pero ellos primero hicieron amistad con los camioneros luego con los mineros Y los mineros me bajaron a la mina, yo visité y ya conocí de ahí directamente la vida de la pobreza en la mina, la miseria, y los camioneros, el riesgo también, la vida dura del camionero, ya lo conocía en Utrillas.
Locutor 01
¿Y cómo se desplazaba usted desde Utrillas hasta Zaragoza?
Antonio garcía-trevijano
Durante todo ese tiempo, de una manera increíble, que yo me parecía que estaba en una película del oeste, porque tenía el ferrocarril de Utrillas-Zaragoza, estaba yo solo de viajero, me ponían un vagón, y iba allí sentado en un sillón en el tren de los condes de Figols de Utrilla Zaragoza y ahí fue el origen de que yo compra en el Pegaso porque cuando terminó incluso un poco antes de los tres meses cuando terminó el trabajo presenté mi minuta y yo la minuta era la minuta mínima que tienen los notarios no podemos cobrar lo que queramos hay un arancel fijo, obligatorio pero claro, eran tantas escrituras y el valor de la escritura no solo era la superficie sino lo que había debajo entonces con ese valor, cobrando poquísimo poquísimo el mínimo, llegaba a 350.000 pesetas y 350.000 pesetas en el año 55-56, eso era una fortuna eso era muchísimo dinero y yo como venía a estar me citaron en San Sebastián que tenían ellos allí una tienda, unos el negocio de los coltes de frigo, y allí me dieron el cheque de 350.000 pesetas. Sí, 375 por ahí. Y con ese cheque, nada en el bolsillo, me vine a Zaragoza y entré en el cine. Estaba yo contento por primera vez en mi vida. Yo no solo tenía una carrera que ya me permitía vivir, no tener miedo, nunca tuve miedo al porvenir, pero en fin, si no es en el bolsillo, 350.000, entro en un cine y veo el nodo, y de repente en el nodo veo un Pegaso, primer premio de elegancia en París y en Chicago, y me quedé tan asombrado, digo, no compro. Y salí del cine, al día siguiente llamé a Madrid, a la Casa Pegaso, ¿quién representa? De camiones, claro. Y me dieron el teléfono del representante que era José Ruiz Jiménez, el hermano de Joaquín Ruiz Jiménez, el que fue luego ministro con Franco. O no, entonces, era ministro entonces.
Locutor 01
De educación, sí. Sí.
Antonio garcía-trevijano
Entonces, con el teléfono llamé al... Y me pidieron, y Pepe Ruiz Jiménez me pidió medio millón de pesetas por el vehículo. Pero yo era ya muy espabilado. Yo sabía... Pero cómo me va a pedir medio millón un coche que está dando viajes a Chicago, a París Premium, si está ya usado, está peor que usado. Porque cuando se usa, un hombre que cuida el coche está bien. Pero ahí, embarándolo de un sitio a otro, de ninguna manera. Dice, pero ¿qué daría usted? Yo digo, yo no tengo más que 350.000 euros que acabo de ganar en una minuta. Y no tengo ni una peseta más. Y digo, pues de acuerdo, he hecho. Sí, entonces me fui a Madrid a cogerlo. ...y ya con él me vine aquí a... ...y se hizo celebérrimo... ...porque en ese Pegaso que hoy lo pueden ver en Internet... ...porque lo han encontrado... ...los amigos nuestros lo han encontrado... ...pues... ...ese Pegaso tan maravilloso... ...pues lo compré y con él... ...lo llevé allí a Montalbán... ...y los camioneros se volvieron locos... ...el segundo experiencia... Que me merece mi recuerdo es que como yo estaba en Zaragoza, tenía ya un Pegaso, iba con mucha frecuencia a Madrid, no me gustaba porque era un ambiente triste, desagradable y represivo. Pero en Zaragoza fui y tuve la fortuna el primer día que fui de oír la primera manifestación de estudiantes donde oí la palabra libertad. aprovechaba todo lo que podía en viajes para ir a Barcelona, sin conocer nada más que para pasearme por Barcelona, para oír ambientes de libertad en Barcelona, cosa que hoy no sucede, pues yo no he vuelto a visitar Barcelona desde los tiempos de Tarradellas, que él me invitó a una comida en la Generalitat cuando ya estaba honorable, me invitó a cenar porque quería conocerme, y yo desde entonces no he vuelto a ir a Cataluña porque siente ...en la época de Franco... ...que hoy no puedo soportar ir a Cataluña... ...y sentirme extranjero.
Locutor 01
Incluso presidió una diada, creo, ¿no?
Antonio garcía-trevijano
Sí, la última diada... ...en la clandestinidad... ...me llamaron todos los dirigentes... ...del catalanismo... ...que tenían mucha simpatía por mí... ...porque yo quería el restablecimiento... ...del Estatuto Catalán... ...y en eso estaban todos de acuerdo... ...yo quería que se restableciera el Estatuto Catalán... ...que estuvo vigente en la República... pero que no se modificara, que cualquier modificación de esos habían todos, que yo no me bastaba el pueblo catalán, tenía que ser el pueblo español entero, a pesar de eso me invitaron a presidir la diada, y fui con Jordi Puyol, con Trías Fargas, con todos, y con Carbonell, que dio un discurso ultra nacionalista, los historiadores, Agustín, te conozco a todos, pero desde entonces no he vuelto a ir.
Locutor 01
Sé que no me va a contestar, pero si las paredes de este hotel NH, el gran hotel NH de Zaragoza hablaran, ¿qué podría contar? Pues que se callaron, que no hablaran. Bueno, pues con este silencio de Antonio García Trevijano vamos a concluir estos diálogos de Somos Aguas, celebrados hoy desde la ciudad de Zaragoza y a la que volveremos tan pronto como nos inviten, porque hemos pasado una estancia muy agradable. Hasta mañana.