En el Programa de hoy D. Antonio García-Trevijano, dirige un sermón a Felipe de Borbon Rey de España
RLC (2017-09-30) Sermón a Felipe de Borbon
Locutor 00
Están escuchando Radio Libertad Constituyente con don Antonio García Trevijano.
Antonio garcía-trevijano
Amigos, les hablo desde Madrid en un día muy especial, ya que es la víspera del acontecimiento delictivo que va a tener lugar en Barcelona mañana. Y me voy a dirigir al Rey de España. El título de este mensaje que voy a hacer ahora mismo he puesto como título, Sermón al Rey de España. Pero la palabra sermón no está utilizada aquí en el sentido eclesiástico o religioso, ni siquiera en sentido moral, sino en ese tan bonito y profundo sentido en el que fue el sermón utilizado en alguno de los escritores mejores filósofos del Renacimiento, como Francis Bacon, por ejemplo. Me dirijo, pues, al rey de España, Felipe V. Señor, no he tenido la oportunidad de conocerme. Soy republicano, como sabrá. Directamente por su familia, por su padre y por su abuelo. Pero he tenido una relación muy estrecha, muy íntima, sobre todo con su abuelo. Y también una religión amistosa y alegre con su padre. Seguro que conoce algunas de las anécdotas que... viví con alguno de ellos pero es muy raro muy difícil que tenga un conocimiento exacto y como los acontecimientos de mañana en Barcelona son tan graves creo que por la relación tan estrecha que tuve con su abuelo el conde de Barcelona y también por los años de juventud en los que tuve una amistad con su padre, considero que tengo una verdadera autoridad moral, no digamos que política, para decirle todo lo que le voy a decir. Porque seguro que será de su interés. Muchas cosas las conocerá en la versión de su abuelo o de su padre, pero va a tener la mía directa. En primer lugar, su bautizo cuando nació, cuando el señor nació, le llamo señor como al conde de Barcelona y no le hablo de tú como a Juan Carlos, su padre, porque a su padre me habló a mí de tú al conocerme. Yo fingí que era mexicano, que era español y a pesar de que sabía quién era, le respondí naturalmente hablándole de tú y ya seguimos siempre hablando de tú, él sí, pero yo hablando también de tú. pero le hablaré de Señor y muchas veces me equivocaré porque no tengo costumbre ni soy cortesano y le diré usted tal vez en lugar de decirle Señor por mi falta de hábito y costumbre de dirigirme a los reyes o a las altezas. Cuando usted nació hizo, sirvió de pretexto para un gran servicio a España y abrió la posibilidad de que el rey de España fuera el conde de Barcelona su abuelo me llamó para decirme que fuera a verlo a Estoril, porque Franco le había dado permiso para venir a Madrid y asistir a su bautizo, al bautizo suyo, el del Señor. Y allí me pidió que le presentara a los compromisos militares y de los jefes militares y de la policía con los que yo había ideado un plan para que si Franco moría, el rey de España fuera el conde de Barcelona, el titular de la dinastía, que tenía conmigo el compromiso de que si lograba esa restauración, porque eso sí sería restauración de la monarquía, a cambio Don Juan de Borbón se comprometió, conmigo desde luego, a convocar al cabo de un año de estar en el reinado, un referéndum para que los españoles pudieran elegir libremente entre monarquía y república. Yo nunca le oculté que yo era republicano y que jamás serviría directamente a la monarquía, pero que sí, por España, sí que estaba dispuesto a hacer el servicio de sustituir, si podía en vida y si no a la muerte a Franco, por el rey, don Juan de Borbón, con el compromiso que le repito de hacer un referéndum sobre monarquía o república. El bautizo lo aproveché para presentarle al conde de Barcelona a todo lo que podía considerarse de izquierda en aquellos tiempos, bajo Franco. Desde agentes de comisiones obreras, del Partido Comunista, curas obreros, en fin, etc. Me llamó su padre Juan Carlos, el padre suyo. Juan Carlos me llamó al día siguiente de su bautizo, a los dos días de las entrevistas, para decirme que estaba muy satisfecho de cómo había ido todo, y para invitarme a almorzar con él en la zarzuela. Fui al almuerzo de la zarzuela, los dos solos, en una mesita muy pequeña, y ahí... después del primer plato, enseguida, me dijo que como yo tenía una entrada tan buenísima en Estoril, con todo el personal y con sus padres, que me pedía un favor, que le dijera que el jefe de la administración de Estoril, del aparato burocrático de Estoril, que se llamaba Eugenio, me pidió que yo me informara de parte de quién estaba Eugenio, si estaba de parte de su padre o de parte de él. Me extrañó tanto la imprudencia de esa pregunta que, para no equivocarme, le pedí que me la repitiera otra vez. Me la repitió con una ingenuidad total, como si estuviera diciendo algo sin importancia. Entonces, cuando lo repitió por segunda vez, Me levanté de la mesa, no había terminado, estábamos, habíamos terminado el primer plato. Me levanté de la mesa y le digo, eso yo no lo haré jamás. Tiene mil cortesanos que se lo hagan. Se puso rojo, pero rojo de verdad. No sé si te vergüenza, pero rojo. Y como me había levantado, digo, me voy y ahora mismo salgo para Estoril para contarle a su padre, a don Juan, lo que me acaba de decir. Y me fui. Llamé por teléfono a don Juan. Le dije que iba para allá a verlo para algo urgente de su hijo. Y me dijo que me esperaría en el bar del Hotel Palacio en Estoril. Yo tenía, como sabe todo el mundo, siempre coches muy rápidos, conducía muy bien y muy rápidamente, a la hora de cenar, ya estaba yo en el Hotel Palacio. Entro en el bar y allí estaba don Juan y don Pedro San Rodríguez, que lo conoce perfectamente, sabe quién es. Le cuento exactamente lo que ha pasado. Su abuelo se queda pálido, no pronuncia una palabra, una cara de tristeza enorme, se pone el codo sobre el bar, que estaba en un taburete, la mano en la cara, de perfil, y don Pedro San Rodríguez, que estaba a su lado mirándome a mí, toma la palabra, hace un gesto muy expresivo que él hacía cuando iba a decir algo importante y es que se subía las gafas porque era muy miope, no sé por qué la subió, y dijo, ah, si su Alteza dice eso, a partir de hoy yo ya no le llamaré su Alteza, sino que le llamaré su Bajeza. Esas fueron las palabras que con las que recibió don Pedro, ¿quién diría que luego fue don Pedro? Nada menos el que le pidió a su padre, Juan Carlos, le pidió que si Franco le ofrecía la corona, que la aceptara, que él se encargaría de su padre, de arreglar el tema con su padre. Pero eso es adelantarnos, pero ya le he dado una primera noticia. El día el 16 de julio de 1979 recibe el conde de Barcelona, su abuelo, una carta que ha nombrado como sucesor suyo a título de rey a Juan Carlos, a su padre. Me llama por teléfono, estando yo solo, sin criado, sin intermediario, me llama por teléfono diciéndome, la carta del número uno ha llegado, ¿puedes venir? Me fui inmediatamente, estaba solo y me encontré, entré en la casa solo por completo, no había nadie, me abre incluso la puerta de entrada a la casa de Estoril, me la abre su abuelo, don Juan, Me sube a su despacho de arriba, primer piso, leemos la carta y me dice que le escriba un borrador. Baja conmigo la escalera y en uno de los despachos de la oficina, sin darme como es natural papel de calco, pero eso ni estaba pensado, lo digo eso porque no conservé la copia. Escribo una carta de contestación a Franco. Franco me había dicho que era infante, etcétera, etcétera, para... Tengo la satisfacción de anunciarle que he nombrado a su hija, a su alteza, el príncipe Juan Carlos, sucesor a título de rey. Yo escribo, subo, me espera en su espacio, subo la carta, la leo y me corrige una sola palabra que había dicho yo franquista y en su lugar pone régimen del general Franco. Bajo, lo corrijo y lo hacemos. Y delante de mí, con un lacrado muy grande... sella, lo lacra, toda la carta, y llama al embajador, el embajador Ruiz, como se llama, ah, Jiménez Arnau, perdón, que se me ha gritado, Jiménez Arnau estaba de embajador, lo llama y queda con él en que al día siguiente, a las 10 de la mañana, irá a recoger la carta. Quedamos y me pide a él que como no sabe nada todavía de mi presencia allí, ni don Pedro, ni Arelza, ya podéis imaginar que ya tenía sus dudas sobre la lealtad de uno, de Arelza y de don Pedro, sino cómo me llama a mí sin que se entere en ello y me hace que al día siguiente venga allí a Estoril a las 11 de la mañana para que cuando yo llegue parezca que todavía no he hablado con él. Bien. ...me voy al hotel, me llama por la noche al hotel... ...y me dice, perdona Antonio... ...pero he tenido otra, una carta de mi hijo... ...una segunda carta... ...así es que... ...me gustaría que vinieras mañana a las 9... ...yo he retrasado ya... ...que vengan Arreiza y... ...y Don Pedro más tarde... ...así que hacemos la carta y luego... ...sale y luego vuelves, muy bien... ...fui... ...y también me enseña la carta de su hijo... en la que le dice, le comunica que Franco lo ha nombrado, y lo mismo, tituló, y que para salvar la monarquía ha aceptado. Contesto también, me pide que haga lo mismo que el día anterior, contesto a la carta de Juan Carlos, diciéndole que qué monarquía ha salvado, si es una monarquía sin honor, que le prohíbe rotundamente que altere el orden sucesorio, que no puede ser rey saltándose el orden de la dinastía y que el titular de la dinastía era él y que no daba esa autorización ni renunciaba a su puesto primero en la dinastía. Bien, contesté la carta y recuerdo que que la contestación fue sobre todo esa. Es decir, que una monarquía sin honor no se sostiene. Y aunque no cité a nadie, porque no me gusta ser pedante y porque no iba a servir de nada, le metí dentro el concepto de Montesquieu, que decía que las monarquías se sostienen por el honor y las repúblicas por la virtud. Aunque sea una frase... que no participe yo totalmente de ella, pero era adecuada al momento y la puse. Bien, luego me extrañó que cuando me fui y regresé, tanto don Pedro como Reilza, estaban alegres, frívolos, como si no hubiera pasado nada, cuando don Juan les comunica la realidad. Yo los había invitado a los tres a almorzar en el Hotel Ritz de Lisboa, Entonces, como yo tenía el coche que había llegado, lo llevé a todos al Hotel Rey. Allí un almuerzo, invitados por mí. Y otra vez me extrañó la alegría que tenía tanto Arelza como Don Pedro. Y la cara funeraria y triste de Don Juan. Después de... de esta... peripecias y de las cartas y de las contestaciones y de Jiménez Arnau, debe de saber algunos hechos de los que habrá obtenido uno de ellos el más importante, porque estaba su madre en doña Sofía, estaba delante, fue que un periodista de ABC llamado Salvador López de la Torre, que había sido capitán del Tercio, no sé, me llevó casi forzado, me obligó casi, pues yo no sabía nada, a ir a comer, a almorzar al Club 31 en Madrid. Y ya había reservado una mesa y que tal. Bien, fui forzado, bueno, forzado, presionado, fui. Y me encontré con la sorpresa de que cerca de mi mesa, a la derecha, al frente del Club, en la pared frontal, entrando en el Club 31, estaba una mesa presidida por el sucesor Juan Carlos de Borbón, Doña Sofía, su mujer, el Marqués de Mondejar y otros más cortesanos que le rodeaban. Y este, el que me había invitado en una mesa, el periodista de ABC, Salvador López de la Torre, me dice, Antonio, que te están saludando. Yo no había visto a nadie, no lo sabía, no había mirado. Miro y veo a esto que les describo y que estaban saludándome con la mano. Yo, instintivamente, volví la cabeza y no respondí al saludo. Bien, se habló de López de la Torre, trataba de convencerme, no lo hice. Pero terminan de comer antes, yo acababa de llegar, y como estaban al final, don Juan Carlos y doña Sofía, y todo el cortejo, pasan delante de la mesa donde yo estoy sentado, y como era muy estrecho, tienen que pasar delante de mí. Cuando se levanta, para salir del restaurante, todo el restaurante que estaba lleno, ...son vivas al sucesor... ...y aplausos ensordecedores... ...pero cuando se para... ...al llegar a la altura de mi mesa... ...y se me mira... ...y se acerca a mi mesa... ...yo sigo sentado... ...y todo el restaurante de pie... ...yo no me levanto... ...y como iba el primero... ...yo no me levanto... ...se acerca... ...y ante un silencio... ...dejan de aplaudir... ...y dice... Tono, me llamaba su padre y en confianza él también me lo dijo, no me llamaba Antonio, me llamaba Tono, que era la manera familiar y de los amigos de llamarme ese diminuto. Me dice Tono, es que no quiere saludarme y se acercó hacia mi mesa, apartando una que había en medio una silla de otro que se había apartado. Yo hice inclinación de levantarme, no llegué a levantarme porque se acercó hasta mi altura. Le di la mano y a voz fuerte, como yo hablo porque no quiero nunca disimular, cuando dijo que si no quería saludarle, dije, al amigo siempre, al sucesor jamás. Y desde entonces no lo vi. Voy a seguir contándole para que sepa por qué estoy aquí. convencido de que tenga autoridad moral, para decirle lo que le dirá al final de este sermón. El sermón, porque esto no es sermón, esto son informaciones correctas de las relaciones íntimas que he tenido, tanto con su abuelo como con su padre. Muere Carrero, y ahí es la primera vez que yo tengo iniciativa. Hasta entonces, todo lo que yo había hecho es porque me lo había pedido don Juan, su abuelo. Nunca le yo sugerí ni pedí nunca nada, pero todo lo que me pidió lo hice. En el bautizo, cuando me pidió algo extraordinario, me pidió que como yo le informaba de palabra, que yo tenía contactos continuos con las más altas jerarquías militares y de la policía, y que había ideado un plan por si Franco moría de repente, que pudiera asegurar la sucesión en el trono de don Juan y no de Juan Carlos, me pidió, al venir el apotizo, que si podía él conocer al Teniente General Díaz Alegría y al... director general de la policía, el coronel don Eduardo Blanco, que estaba a las órdenes de Camilo Alonso Vega, que era el ministro de la gobernación. Entonces me pidió que, como iba a Madrid, si podía tener una entrevista con ellos. Claro, yo dije que era imposible que fuera oficial, que tenía que ser clandestina, pero que yo lo organizaría de acuerdo con él, e hice un plan. Y el plan consistía en que cuando él regresó, él me dijo, me fui a Estoril y le hice un plano y todo para que esto no pudiera fallar, porque para mí era muy peligroso. Cuando él regresaba de visitar a Menéndez Pidal, tenía que pasar delante de mi casa, que yo vivía entonces en la Plaza de Cristo Rey, camino del Palacio de la Zarzuela. Entonces ideé un plan para que no dijera nada a nadie, ni siquiera al duque de Alburquerque, que era el que lo iba a acompañar, que no le dijera nada hasta el último segundo cuando estuviera para bajarse del coche. Entonces que cuando llegara a la plaza de Cristo Rey, simulara el coche que iba al hospital de la clínica de la Concepción de Jiménez Díaz. y que ahí se bajara antes de pasar el semáforo, diera la vuelta, cruzara la calle y se va a esperar, y allí estaría yo esperando detrás de la columna de piedra exterior para subir a mi casa. Y así fue, fue perfecto. La policía fue despistada, a pesar de que iba lleno de motoristas, pues pude celebrar una entrevista en Madrid, en pleno Madrid, rodeado de policías, sin que nadie se enterara, creyendo que estaba en el hospital clínico, cuando estaba en mi casa entrevistándose con el general, teniente general Díaz Alegría. que era el jefe entonces supremo del ejército, y que llevaba dos horas vestido de paisano en mi casa, a donde había acudido antes, a la vez que él, don Eduardo Blanco, el coronel, jefe de director general de seguridad, para que con días de alegría, que yo ya había comunicado a cada uno de ellos el plan que yo había dado y que estaban de acuerdo, yo nunca supe ni le pregunté si el ministro de don Eduardo Camilo Alonso Vega lo sabía o no. Supongo yo que lo sabía, pero yo no. Esas cosas hay que ser muy, muy delicados cuando se hablan en una dictadura de cuestiones semejantes. El hecho es que la entrevista fue formidable, despistamos a la policía y esto ya con él se fue satisfecho porque le había confirmado que el plan era muy sencillo. Si moría Franco... antes de haber nombrado, no se pensaba entonces que iba a nombrar sucesor, cuando fue su bautizo, fue anterior al nombramiento de sucesor de su padre, de Juan Carlos. Entonces, que en un entierro, en un avión militar, lo recogerían en Portugal, a don Juan lo traerían a Madrid para presidir el entierro de Franco con Juan Carlos, su hijo, situado detrás de él a su derecha. Bien, continúo. Cuando muere Carrero, le he dicho yo que ahí es la primera vez que yo tomo la iniciativa de algo. Hasta entonces no había hecho más que hacer lo que don Juan me pedía, salvo el plan para suceder a Franco en el caso de que muriera de repente, que fue ideado por mí cuando tuvo una lipotimia en Cazorla, en una cacería, y ahí fue cuando lo ideé y lo puse en marcha, tanto con Día Alegría como con don Eduardo Blanco, el director general de Seguridad. Pero ahora lo actualizaron y se lo confirmaron a Don Juan, con lo cual se fue tranquilo y satisfecho. Pero asesinan a Carrero. Y ahí sé yo que se produce un hecho crucial en el régimen, porque yo conocía perfectamente los resortes y los mecanismos de poder en el régimen de Franco. Entonces partí enseguida, me fui inmediatamente que tuve noticia en Estoril y le dije a don Juan que era el momento de sacar bandera. Él me dijo, ¿contra mi hijo? Mi hijo estaba designado asesor. Digo, no importa, eso no puede ser una monarquía franquista. No tiene más remedio que sacar la bandera de una monarquía de verdad y mantener el compromiso de hacer el referéndum de monarquía o república. Bueno, el hecho es que me dijo que estaba de acuerdo y delante de mí llamó a Giscard d'Estaing para hacer la entrada a la política en París. Que lo invitara a una cacería, él iba al Hotel Meriz, preparó todo, yo me fui al Hotel Lotti y allí en París le preparé unas reuniones verdaderamente extraordinarias. Figuraros que conseguí en París que en el hotel... Meris, que era el hotel donde iba el rey Alfonso XIII, era el hotel donde iban los monarcas españoles. Allí le presenté que fueron a visitarlo, sabiendo el compromiso que había adquirido conmigo para un referéndum sobre monarquía y república. Lo visitaron el presidente del gobierno vasco en el exilio, la Izaola, y el ex ministro de justicia del gobierno vasco en el exilio, Manuel Irujo. Además, también fue una... un miembro muy destacado de Acción Republicana, que era el hombre de enlace conmigo, del gobierno republicano en el exilio. Sí, sí, Valera y Maldonado, Riera se llamaba este, y este Riera también vino a venir, lo presenté, y del nombre de Valera y Maldonado agradeció a don Juan de Borbón el esfuerzo que estaba haciendo y la oportunidad que iba a dar a los españoles para que pudieran elegir entre monarquía o república. Además, también preparé en ese viaje unas entrevistas muy serias en el express que la hizo el periodista francés Edouard Belvy, que le tituló La Reentrada de Don Juan de Borbón en la Política, que era levantar banderas contra la posibilidad de que fuera su hijo Juan Carlos el Rey. Y también preparé una entrevista con Le Monde para que su director... que era ya entonces, no era Benmería, quien yo conocí, sino que era Fontaine, fui yo personalmente designar a Marcel Niedergang, periodista de Le Monde, para que hiciera el día de San Juan de ese año, en Estoril, una entrevista donde don Juan repetiría los 14 puntos que había yo redactado y preparado, que se los entregué a Alemón y don Juan le dio toda la conformidad a Alemón de los 14 puntos para llegar a esa situación de libertades que terminaría con un referéndum sobre monarquía y república. Pero llega el momento de la verdad. Y el momento de la verdad era que el día de San Juan, de 1974, el 24 de junio, se había comprometido con el diario Le Monde a hacer esas declaraciones con los 14 puntos. Su secretario, Darcourt, que estaba con él en Palma de Mallorca, me llama desde Alicante para decirme que suspende la entrevista con Le Monde. Le digo yo que eso es imposible, que esto no era una cuestión de amistades, ni de compromiso, que era una cuestión política de primer orden, y que era imposible. Entonces dije que no, que yo estaría allí como estaba prometido el día 24, el día 23. Llegué el día 23. Se celebró la primera reunión y me dijo que no podía hacer las declaraciones. No me dijo por qué. Estaba taciturno, no pronunciaba una palabra. La entrevista fue en casa de Darkur, en un piso que tenía en Estoril. que no podía hacer la entrevista. Yo había previsto esa negativa por la inesperada llamada que me hizo Darcourt desde Alicante. Entonces había pedido a cinco monárquicos indiscutibles, partidarios de don Juan y de una lealtad absoluta, que don Juan los sabía, los conocía, le había dicho que esperaran en la calle y si fuera necesario que subieran. Le mandé recado, subieron, le pedí permiso a don Juan, me dijo que sí, que subieran, ¿Subieron? Y yo le pedí a don Juan que repitiera lo mismo que me había dicho a mí. Y lo que me dijo a mí es que si renunciaba, yo le pregunté, que no quería hacer la entrevista, le pregunté, ¿es para que no perjudicar la asociación de su hijo? Y en francés dijo, je m'en fous. Y yo llamé y le digo que le dijera esa palabra en francés, de son fils, de su hijo. Y no lo pronunciaba. Entonces yo le dije, bueno, lo dije yo. Lo dije, asintió, se echaron a llorar, de rodillas le pidieron que no renunciara, que hiciera las declaraciones alemón. Entonces, conmovido por esa lealtad, dijo, bueno, hay una sola posibilidad. Yo invito mañana que mis santos, y vienen de España unas 500 personas a felicitarme, Yo le invito a Trevijano que mañana le invito a almorzar con don Pedro Sáenz Rodríguez. Y si él convence a don Pedro para que haga esas declaraciones, la hago. Y si no lo convence, pues no lo hago. Entonces yo digo, yo lo acepto, pero que venga un testigo, porque conozco quién es don Pedro. y quiero que haya un testigo, y me dice, y don Juan, elige el que quiera, y yo elegí a Javier Vidal, casado con una Huarte, porque era el menos politizado, y era un empresario de la empresa Huarte, estaba casado con una de las hijas, con una de sus hijas, y entonces fuimos al restaurante, y en el restaurante, cuando entro con Javier Vidal, Está ya don Juan y don Pedro. Yo me siento enfrente de don Juan, Javier enfrente de don Pedro. Y don Juan me dice enseguida, Antonio, ¿le quieres decir por qué consideras necesario que yo haga las declaraciones alemón para poder ser rey de España, que si no, no lo seré? Y le dije yo, será muy difícil que don Pedro me escuche. Entonces, como yo había tenido conversaciones largas con don Pedro sobre mística, sobre literatura, porque es un hombre muy culto y muy inteligente, pero políticamente no, políticamente era completamente de extrema derecha, pero de verdad. Había preparado él la guerra de Franco, él había conseguido las armas italianas con Mussolini. Yo todo eso lo conocía, digo, no va a querer. Dice, sí, sí, sí. Entonces digo, bueno. Entonces empieza a hablar y don Pedro no me deja, como yo esperaba, no me deja hablar de verdad. Pero ni cuatro, cinco, diez segundos como máximo. Enseguida interrumpe. Y yo le dije a don Juan, es inútil, lo ve que es imposible. No, no, hágalo otra vez. Le digo, bueno, pues coge el reloj y le doy un segundo nada más. Que me deje un segundo. Si lo respeta ese segundo, si no, no sigo. Yo no hago el ridículo. Entonces don Pedro, pero Antonio, ¿cómo me dice eso? Bien, coge el segundo, en efecto, no me dejó hablar ni medio segundo, me interrumpía, porque era un boicot, no quería que yo dijera, él sabía que conmigo no podía, que lo ventearía en los argumentos, no me dejó. Entonces le digo, es inútil, ya que estamos, vamos a comer, no volvemos de política, y ya está, nada más, pero ya asunto terminado. Y me dice don Juan, bien, Pero antes de irte o antes de terminar, me gustaría que tú escucharas el discurso cortito, pequeño papel que me ha preparado don Pedro, que lo tiene a él, que te lo lea a ver lo que te parece. Yo como soy un hombre educado y normal... Le digo, de acuerdo, me quedé, que lo lea. Lo lee, era cortito, es verdad. Termina de, y don Juan un poco, no un poco, no, bastante impaciente, me dice, ¿qué te ha parecido, Antonio? Pero, ¿qué te parece? Dime la verdad. Y yo me quedo, y hablando muy despacio, le digo, como me pide la verdad, se la diré. Es el discurso típico hecho por un traidor. Me dice don Juan, ¿qué estás diciendo? Sí, que el traidor es don Pedro. Entonces, don Juan me dice, ¿me quiere decir dónde está la tradición? Que lo vuelva a leer. Y don Pedro, yo ni miraba para él. Lo tenía allí, sabía que estaba, figuraros cómo estaría. Que lo vuelva a leer. Lee y comienza a leer. Y al segundo párrafo ya, después de saludar, dice... En boca, pone en boca de don Juan el discurso. Yo como titular de la monarquía, de la dinastía, estaré vigilante y atento para que el trono no sea parte de los principios que han... Digo, no siga, esa es la traición. ¿Qué traición? ¿Cómo, qué traición? Digo, traición. Señor... Usted, don Pedro, no quiere que sea rey. El rey es Juan Carlos, lo está designando aquí. Y el papel que le reserva es que lo vigile a Juan Carlos, para que no sea parte de los principios de la dinastía. Y como yo no como con traidores, me levanto y me voy. Adiós, señores. Me levanté y me fui. No había recorrido 20 pasos por la calle porque estaba en un restaurante con cristalera en Estoril, al lado de la playa, cerca de la carretera de la playa. No había dado 20 pasos y me toca por la espalda y es don Juan el que me dice, Antonio tienes razón, es un traidor. Pero te quiero llevar yo en el Volkswagen que tengo aquí contigo, vamos a hablar a casa de Arcula. Muy bien. Entonces, ya conduciendo, me dice, es verdad. Y entonces, como es verdad que esa palabra es una traición, le he dicho que la quite. que la suprima, y me ha dicho que desde luego que la quita. Y digo, no, hace mal, porque vienen 500 españoles de buena fe, monárquicos, que tienen esperanza en que sea el titular de la dinastía, sea el rey, y no el que Franco de Sidney elija, y para qué engañarlos más tiempo. Dice, no, no, no, yo lo quito porque eso no puedo aceptarlo. Bien, llegamos a casa de Darcourt Subo, y ahí me dice... voy a contarles de las cosas que me contó, soy un caballero y las referentes a mujeres no las pronunciaré, salvo en general. Pero estaba descompuesto por la traición que había visto de don Pedro y porque me dice, Antonio, yo no puedo solo luchar contra Para obtener la monarquía, el trono y luego el referéndum. Solo no puedo. Necesito que alguien me sostenga. Pero no hablo políticamente. Con eso me basta lo que estás haciendo. Que es maravilloso lo que has hecho. Pero es que familiarmente estoy solo. Me han abandonado. Solo estoy. Mi mujer, mis hijas. Es más, me sigue diciendo ya con pungido y con la voz temblorosa. diciendo es que no puede imaginar hasta que punto llega esto para que abandone que tire la toalla y renuncie a la dinastía y a la monarquía en favor de mi hijo de Juan Carlos es que me dejan sin comida es que me dejan sin servicio es que la nevera vacía y las demás cosas que me contó no las digo porque soy un caballero si soy republicano pero tengo el sentido muy fuerte del honor y de la palabra Entonces digo, me despido de él, digo, yo a partir de hoy voy directamente a por la república, a luchar por la república. Ya la monarquía no sirve de paso transitorio hacia una república. Es decir, la monarquía es imposible. Yo no aceptaré jamás una monarquía designada por Franco. Me voy. No digo más, porque no puedo, por pudor. Pero ya podéis imaginaros. Ya se puede imaginar, señor, a quien me dirijo, al rey Felipe VI, se puede imaginar la escena. Yo había citado... ...en el Hotel Lys de Lisboa... ...a todos los dirigentes... ...de los partidos clandestinos... ...así que allí estaban... ...pues menos el Partido Socialista... ...y la Democracia Cristiana... ...pues estaba Tierno Galván, Raúl Morodo... ...Santiago Carrillo, las Comisiones Obreras... ...estaban los partidos más... ...combativos de la izquierda... ...Alejandro Rojas Marcos... ...José Joaquín de Aguilar... ...los grupos independientes de muchos de España... ...había unas 15 personas... ...esperando el resultado... de mi entrevista con Don Juan de Borbón. Y cuando llegué diciendo que habían fracasado, figuraros la impresión que les produjo. Y yo les levanté el ánimo diciendo, pero si estabais de acuerdo en los 14 puntos que vosotros ibas a ir a apoyar en cascada uno después de otro, Si ahora no lo hace, lo importante no es eso, lo importante es que sois vosotros los que tenéis el poder de apoyar los 14 puntos. Por tanto, os propongo que nos vayamos a París y enseguida fundemos una asociación, un organismo unitario Que recoja esos 14 puntos. Y de esa manera nació la idea, que luego lo hicimos en París, de la Junta Democrática de España. Con los 14 puntos que don Juan de Borbón no quiso declarar alemán. Sigo diciéndole datos para que conozca de verdad la historia de su familia, la historia de España reciente. Va a saber más. Yo, como es natural, tomo distancia, no lo molesto más a don Juan, pero me meten en la cárcel, en Carabanchel, y viene a verme a la cárcel un diputado del PP que se llamaba Joaquín Muñoz Peirat, Chivo Muñoz. Era bastante amigo de Juan Carlos, de su padre. Y viene a verme Chimo Muñoz, siendo ya rey, Juan Carlos. Y viene a decirme, me ha llamado Juan, me dice Chimo Muñoz, me ha llamado Juan Carlos, para decirme que venga a verte a Carabanchel y te diga que estás muy preocupado, que estás muy dolido, de que tú estás en la cárcel cuando estás, y él está en el trono, y que tú estás en la cárcel. pero que eres un prisionero de fraga que ha intentado que me liberen y que no ha podido hacer nada. Y yo le dije a Chimo, pues recuérdale a Juan Carlos, al rey, recuérdale al rey, que no pasa nada, que se ha cumplido lo que yo le dije en Zaragoza cuando lo conocí. Porque cuando yo lo conocí en Zaragoza con el Pegaso que venía a montarse, él no sabía quién era yo. Y yo le dije que era un mexicano que me llamaba Antonio García y que era un probador de coches de carrera, que era un piloto. Él le gustó tanto el coche y creyó tanto mi cuento de que ya todos los fines de semana venía para salir con las amigas mías y pasearnos en el coche y salir de Juerga, por la tarde, de Juerga Inocente, claro. Pero cuando se va de vacaciones y regresa en el mes de octubre, de vacaciones, Héctor, y regresa, me ve en el gran hotel donde yo iba todos los fines de semana, de Zaragoza. Yo era notario en la provincia de Teruel, pero los fines de semana me iba al gran hotel de Zaragoza. Me ve allí y a voz, en grito, tono, tono, me grita, gritando fuerte, que... ¿Por qué me has engañado? Que sé quién eres. Voy a comer contigo. Yo tenía un invitado, un catedrático de lógica de la Universidad de Valencia. Le dije, no puedo, tengo un invitado. Y también a grito, diciendo, no, donde caben dos, caben tres. Le digo, sí, sí, claro. Para comer peor, sí, pero bien. Bueno, una broma. Le digo, bien, pues estoy en el restaurante Savoy, en la calle del Coso. ¿Lo conoces? Sí, sí, lo conozco. Pues yo voy para allá. Si quieres, pues, incorporate allí. Vino. Y cuando... Antes de sentarse en la mesa, se pone los brazos, se inclina sobre mí y me dice, tono, voy a ser rey. Y le dije, sí, vas a ser rey, seguro. ¿Y qué tengo que hacer? Porque mi padre me ha dicho que tú eres el político más inteligente que ha conocido nunca, en España y en Europa, que eres el hombre más inteligente. Y quiero que me digas qué tengo yo que hacer. Y digo, pues muy sencillo, ordenar que te traigan una pluma real, para provocarle la risa, y firmar el primer decreto. Y el primer decreto que vas a firmar es que me metan a mí en la cárcel. Eso se lo digo en Zaragoza. Cuando me viene Chivo Muñoz a lamentar que yo esté en la cárcel de parte de Don Juan, le digo que no se preocupe, se ha cumplido lo que le dije yo en el restaurante Zaragoza. ¿Él no me ha metido en la cárcel? Sí, porque Franco no me metió en la cárcel. Franco intentó matarme, meterme en la cárcel no. En cambio, él ha cumplido. Ahora me cumple a mí, porque él cuando se dio cuenta que en Zaragoza yo hablaba en serio, me dice, ¿y por qué me dice eso? ¿Por qué tengo yo que ir a la cárcel? Y yo le respondí entonces, ¿por qué? Porque si tú a mí no me metes en la cárcel, seré yo quien te meta a ti. En Zaragoza, de niños, de él un niño, yo ya era notario. Y esto se lo cuento a Chivo Millón para que se lo diga. Digo, no, no, se ha cumplido lo que le dije. Después ya de esa escena de la visita en Carabanchel, no tengo más contacto, ya no lo vuelvo a ver. Pero un día me llama por teléfono Don Juan. Yo ya no había visto a él desde que nos despedimos para siempre. Pero me llamó por teléfono. Dice, le llamo por teléfono. Te llamo por teléfono, Antonio. Ya él había renunciado. Ya había dicho él a su hijo, a su majestad, a sus órdenes. Te llamo porque yo le he dicho a mi hijo, Juan Carlos, que va a fracasar con Suárez. Y que va a haber, que yo he notado un malestar muy grande en los ambientes militares. Y creo que eso va a fracasar. Y le he dicho a mi hijo que lo quite cuanto antes. Y él me dijo literalmente por teléfono. Noté que le sentaba mal lo que dijo. Y con impaciencia me responde. Bueno, pues si fracasa Suárez, llamaré para presidente del gobierno a tu amigo Trevijano. Y me lo dijo más bien contento. de que parecía que había sido una buena causa la que había hecho él para que su hijo me llamara a mí de presidente. Y yo le respondí, como era normal, que jamás aceptaría un cargo ninguno en la monarquía, pues yo era republicano consecuente. Bien, a partir de ahí, ahora viene lo que le quiero decir. Ahora viene el sermón. con lo que le he contado es para decirle que tengo autoridad moral suficiente para decirle que lo que está sucediendo en Cataluña y lo que va mañana a suceder en toda Cataluña, pero especialmente en Barcelona, implica la destrucción de la unidad política, de la unidad territorial de España. que ese hecho tan grave no tuvo lugar siquiera cuando la proclamación de Compañ en el balcón de la Generalitat, que terminó con un bombardeo del ejército y con más de 20 muertos y más de 80 heridos. Esto es más grave porque lo que hizo Compañ, No proclamó la independencia, no proclamó la separación, lo han engañado, no lo saben, los historiadores serios lo dicen todos la verdad, pero todo lo que dice la prensa y lo que transmite la opinión pública es falso. Compain no proclamó nunca ni la independencia de Cataluña ni la separación de Cataluña respecto de España. Lo que proclamó exactamente fue... El Estado catalán en la República Federal de España. Es decir, Proclamó lo que hoy está proclamando todos los días Sánchez, el PSOE y todos los partidarios del PSOE. Un Estado federal. Y por eso... Casmani huyó con la guerra a Francia, pero el gobierno francés de Petain lo entregó a la Gestapo, la Gestapo se lo entregó a Franco y fue fusilado. Conociendo esto, el sermón mío es político y quiere decir que tiene dos alternativas. Una, portarse como un hombre, como un rey de verdad, como si fuera un Enrique IV el Navarro, o un Enrique VIII el Tudor, un hombre de verdad, que ante una situación tan horrible como la que está presenciando, anuncie inmediatamente, hoy, ahora, que convoca una manifestación gigantesca de todos los catalanes, no sólo de Barcelona, de todas las provincias, Y no a la plaza de San Jaume, en la plaza de Cataluña, para que reviente todos los españoles que viven en Cataluña. Todos los que quieren ser españoles, convóquenlos diciendo que es el rey de España quien lo pide. El rey Felipe VI que irá solo, sin apoyo del ejército, sin unidad del ejército, a presidir esa plaza. esa manifestación que convoca si no hace esto yo le digo de verdad acuérdese no me he equivocado nunca en mis vaticinios políticos le digo que ha perdido la monarquía española se tiene que ir como su abuelo esta vez no por Cartagena pero se tiene que ir o va a presidir la convocatoria por la unidad de España contra el separatismo catalán o se tendrá que ir de España Ese es mi sermón. No tengo ni una sola palabra más que decirle. Poner en conocimiento de todos mis oyentes, tanto del MCRC como los que me siguen habitualmente y los nuevos que me hayan oído, quiero poner en conocimiento de ellos que el mensaje anterior que he radiado con el nombre de «Sermón al Rey de España» ha sido una necesidad para suplir el fracaso de mi primer intento, que era publicar en un periódico de gran circulación, en todos los periódicos y los de Internet, publicar una carta abierta al rey de España, firmada por mí. Como ha sido imposible, después de la negativa de los grandes periódicos, de no responder, todas las gestiones las ha realizado siempre el valeroso, valiente y tenaz Roberto Centeno. Y llegó incluso Roberto a pedir en los medios que esa carta abierta le dedicaríamos una página entera y publicarla como publicidad, pagándola. Bueno, pues ni eso. Quiere decir que la voz de Trevijano ni en publicidad se admite. Pero se admite todo lo que diga Puigdemont, todo lo que digan todos los corruptos españoles y de los cargos políticos, todo lo que digan los Puyol, todo lo que dijera ETA y los nacionalistas. Pero España está prohibido que se escuche la voz de Trevijano porque es el único hombre público que desde Franco, desde muy joven, dice la verdad respecto al régimen de Franco y respecto a esta monarquía, a la monarquía de Juan Carlos. Es decir, lo peligroso de España es la verdad. No romper los catalanes en la unidad, no. Lo peligroso es conocer la verdad. Eso es lo que me ha obligado hacer la visión que he hecho en mis propios medios con el nombre de Sermón al Rey de España. porque es importantísimo que sepan el mayor número posible de españoles que mi voz está prohibida desde hace casi 40 años. Y cuando tenía, yo se lo sabía, y cuando en la prensa escribía en El Independiente primero, luego en Mundo y luego en La Razón, sabía que tenía que ir escribiendo de una manera que fuera siendo tolerado. por el contenido intelectual o político, pero que tan pronto como el periódico o bicolumna triunfaba, sería cerrada. Y así fue. Lo último caso es la razón. Y lo he dicho y lo voy a explicar ahora. ¿Por qué fui echado de la razón cuando era realmente fundador del periódico en una sola página que se llamaba Otras Razones? Fue porque Lara, el propietario del planeta, ese multimillonario, quería comprar el diario La Razón. Y en la negociación que llevó con Luis María Anzón, esto me lo ha contado Luis María Anzón, le dijo, llegaron a un acuerdo en todo, pero que no lo compraba si no despedían a Trevijano, porque él vivía en Cataluña y que los catalanistas me odiaban. Esa es la razón por la cual estoy perseguido, sea por una razón o por otra, es imposible oír mi voz. Nada más, es lo que quería decir. Que valoréis lo que he tenido que hacer en la radio, porque los medios tradicionales de los grandes periódicos están vedados para mi voz. Para mi pluma, en este caso. Gracias. Y hasta otra vez.
Locutor 00
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