Antonio García-Trevijano, Daniel Sancho y David López en Radio Libertad Constituyente. Repasamos los hechos que han determinado la historia política y sociocultural española desde la dictadura franquista. http://www.ivoox.com/rlc-2015-12-13-frente-a-gran-mentira-audios-mp3_rf_9697226_1.html Enlaces MCRC: http://www.diariorc.com https://www.youtube.com/user/libconstituyentetv https://www.youtube.com/user/ebarco
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La historia completa de Trevijano con Don Juan, el conde de Barcelona
Locutor 01
Es que hay una parte de la historia de España que no termino de entender bien, a ver si tú me la puedes explicar. Sé que tenías muy buena relación y además siempre te he oído hablar muy bien de tu amigo don Juan de Borbón, el padre del anterior rey, y cómo vio don Juan... Este proceso que acabas de explicar con pelos y señales, es decir, que primero acate los principios del movimiento y luego dé una constitución otorgada al pueblo español.
Antonio garcía-trevijano
¿Me estás hablando de Juan Carlos?
Locutor 01
No, estoy hablando de tu amigo, de don Juan.
Antonio garcía-trevijano
Creo que tiene que ver con lo que acabas de decir, él no probó nada.
Locutor 01
Ya, pero él, de alguna forma, era el padre del monarca. ¿De Juan Carlos? Y tenía los derechos legítimos de sucesión hasta el año 77, me parece que lo estuvo.
Antonio garcía-trevijano
Claro, él era el titular de la corona.
Locutor 01
Él era el titular. ¿Cómo ves el proceso este constituyente y de creación de una corona?
Antonio garcía-trevijano
Exactamente igual que yo.
Locutor 01
Sí, nunca le he oído criticarlo.
Antonio garcía-trevijano
Hombre, ¿no ha oído criticarlo? Muy bien. Si tú lees la prensa, verás que voy a escribir y en Barcelona voy a leer, y si lo podéis encontrar ya ahí en la visita... La Rantré de Don Juan, publicada en España de Contextos. Búscalo y dímelo tú, David, que lo tiene, y léelo para que lo entiendan lo que significa la Rantré del padre de Juan Carlos, conde de Barcelona. A la muerte de Carrero, voy a verlo. Muere Carrero y al día siguiente estoy yo en Estoril. Y le digo, tiene que sacar bandera contra su hijo, que ya está nombrado sucesor. Tiene que levantarse contra él y decir que eso es monarquía franquista, que no la acepta. Y que levanta la bandera para impedirlo. Venga a leerlo. Me pidió dar fechas, detalles, palabras. El cacharrón no está rápido. Bueno, pues yo te lo digo. Entonces lo comento y me dice, de acuerdo. Llamo a Giscard d'Estaing para que invite a don Juan en París a una cacería. Un pretexto. No era verdad. Y en el Hotel Meriz, en frente del mío del Hotel Lotti, empiezo a celebrar las entrevistas para el lanzamiento de Don Juan a la candidatura del trono de la monarquía de España contra su hijo, en público. Allí le presento, uno, a los miembros del gobierno republicano en el exilio, del gobierno vasco. A José Martínez, el propietario de Ruedo Ibérico, a quien yo le financiaba la editorial. Les presento a exilados españoles a 15 o 20, entre otros también, no estaba exilado a Dalí, que por cierto, tengo una anécdota graciosísima de Dalí, que yo estaba con don Juan seleccionando y recibiendo a la gente que yo había invitado, y yo a Dalí no. lo invité, y me llaman por teléfono de allí, diciendo, señor Trevijano, hablando de una manera muy, supongo que es la lampurda, no sé cómo, muy bien, pues me dice que quiere ver a don Juan, digo, muy bien, pues de acuerdo, suba. Estaba en ese momento solo, eran unos minutos que habían salido otras visitas, y yo tenía mucha amistad y confianza con el conde de Barcelona, le digo, vamos a salir a recibirlo porque este es muy importante, la ley es una figura del arte, vamos a salir, en vez de esperar en el hotel. En la habitación. En la habitación, sí. Vamos a salir al pasillo a recibirlo, que vea la atención. Y don Juan se ríe, le hizo gracia y dice, pues venga, vamos. Entonces salí y delante de la puerta de su habitación nos quedamos mirando. Y era un pasillo enorme, el Hotel Merida, un hotel de lujo. donde iban siempre los reyes españoles, y en el pasillo tan enorme, pues estaba bastante lejos, y de repente vemos aparecer a Dalí, a 40, 50 metros más, dobla la esquina, y nos ve de repente a Don Juan y a mí. Entonces, al vernos, se queda para el lado, se inclina, y empieza a bajar la cabeza y los hombros, como los hermanos Mar, el grucho, el de los bigotes, y cuando llega a unos metros, ya iba de rodillas, andando de rodillas. Eso fue la... Recuerde, don Juan. Bien, eso es para que os riáis porque tiene gracia. Pero ahora dime, ahora, ¿qué pasa con Eduard Belvis, con el Express? ¿Qué dice en la entrevista? A ver, ¿qué pasa? ¿Cómo me dices que no? No, levantera, levantera.
Locutor 01
No, yo no digo que sí ni que no. Yo digo que quiero saber. Ah, bueno. Quiero conocer.
Locutor 00
Pues he sido responsable, don Juan. ¿Qué? Pues he sido una monarquía responsable por la Inglaterra.
Antonio garcía-trevijano
Hombre, hombre, mira. En primer lugar, don Juan me pregunta a mí primero que cómo podría ser su monarquía. Monarquía. Yo le digo que presidencialista. Que si no, que la opción es o monarquía o república presidencialista. Era mucho más inteligente que su hijo, pero mucho más. Y comprendió enseguida que si salía una opción en un referéndum, que él siempre lo aceptó, que era yo, que tenía que haber un referéndum entre monarquía y república. Si no, yo no colaboraba con él. Porque yo le dije desde el primer día que yo era republicano. Digo, yo colaboro contra Franco. Y soy leal. Nunca haré nada y seré leal. Pero vamos juntos para derribar a Franco. Bien, entonces, yo defiendo la república presidencialista. Y digo, él era tan listo que se dio cuenta que una república presidencial sería imbatible. que la monarquía no podría contra ella, porque se daba cuenta de lo que era Estados Unidos, un presidente con la autoridad de presidente en una república. Entonces él me dijo, ¿y no sería posible una monarquía presidencialista? No hay ningún modelo en el mundo. Le dije, si posible es, pues no te importaría, porque hemos hablado de tú. Yo le decía, señor, ¿no te importaría escribirme dos folios explicando cómo podría ser una monarquía presidencialista? Y yo le decía el resumen. del Estado, no tiene funciones más que representativas como en Inglaterra, nada, pero toda la tarea de gobierno corresponde a un presidente elegido por el pueblo. Me lo podría escribir y se lo escribí. Cuando lo leyó, le convenció. Dijo, me gusta muchísimo, esto puede ganar. La monarquía puede afiantarse. Y me dice, ¿conoce algún constitucionalista europeo de fama mundial que lea esto y vea su opinión? Para que un técnico indiscutible me diga que esto no es una locura, que esto es imposible. Y me dice, ¿tú conoces a un...? Yo he preguntado y me dicen que hay uno en Francia, Maurice Duverger, que es constitucionalista. ¿Usted lo conoce? Digo, no, personalmente no. Sus libros sí y valen poco, pero es un hombre competente y con fama desde luego. Dice, uy, pues a mí me gustaría conocer su opinión. Digo, muy bien, como él colabora mucho en Le Monde, y yo soy muy amigo de André Fontaine, que era entonces el director de Le Monde, lo llamaré. Llamé a André Fontaine, me dio el teléfono de Duverger, llamo a Duverger, le digo que le envío los dos folios, para una monarquía presidencialista para dárselo a Don Juan y que quiere conocer su opinión. Y me dijo él, mándamelo. Y como yo lo leeré en dos días, me llaman luego dentro de 48 horas y hacemos una cena o lo que quiera aquí en París. Preparé una cena en París, en el Hotel Loti, en primer piso. Me hicieron un salón maravilloso, los tres solos. Don Juan, Maurice de Berger, yo. Maurice de Berger ya había leído, claro, el proyecto mío de monarquía presidencialista. curiosidad y contentísimo, pero no se ve el resultado. Le pregunta, ¿y qué le parece, señor Divergé, qué le parece? Y él dijo literalmente, aparte que estuvo muy simpático todo el tiempo, dice, esto hubiera sido el sueño de Benjamín Costam. Benjamín Costam es uno de los hombres más inteligentes de la filosofía política mundial de todos los tiempos. Él era hijo de un hombre muy rico, era mitad belga, mitad suizo, y lo educó. Hizo los estudios no en Francia, ni era francés, pero hizo los estudios en Francia. de Inglaterra, de Gran Bretaña, donde, claro, tuvo la enorme suerte de conocer la ilustración escocesa. Entonces no estaba formado en la ilustración francesa, sino en la escocesa. Eso le permitió tener una idea de libertad que no tenían los franceses, que eran los doctrinarios. como fue de Bonal, de Mestre, y como en España fue Donoso Cortés, porque fueron influidos por los doctrinarios franceses. Él no, Benjamín Constant, como vino de la educación escocesa, de Edimburgo, donde estaban Adam Smith y Ferguson, todos los grandes, pues tenía una formación de la libertad mucho más. Admitía que la libertad y los gobiernos podían ocuparse de las cosas sociales. Él no era partidario del SF, el SF así. Bien, pues Benjamin Costan, cuando dijo eso, era el sumo. Benjamin Costan es el dios de filosofía política para los franceses. Entonces, cuando dijo eso, voy a decirle, el sueño de Benjamin Costan. A mí no me agradó, porque yo conocía bien a Benjamin Costan, sus obras principales, y no sabía por qué lo había dicho. Entonces, estaba impaciente. Cuando regresé a España, cogí aquí, que tengo las obras completas, y fui a Benjamin Costan. buscando por qué me ha dicho esto, yo sabía que era una alabanza, y dijo que era una maravilla, pero yo digo, ¿por qué me identifica con Costan cuando yo soy muy diferente de Benjamin Costan? Entonces me encontré ya que en una de las obritas pequeñas que se llama Principios, Principios Políticos, donde explica por qué los reyes deben de tener inmunidad, tienen que firmar todo lo que haga un rey para que ellos respondan por lo que el rey no responde pues ahí mismo ya sí dice un concepto muy grande muy bueno para entender que los reyes para él estaban por encima de la melé dice una gran familia la historia le tiene que agradecer que ha mantenido la unidad de la patria la unidad es atributo de los reyes dice entonces por eso los ministros tienen que responder por ellos Y el rey se sitúa por encima de la melé. Y entonces comprendía a Tiberié, que dijo, claro que le ha gustado, porque sería el sueño de Benjamín Costa. Un rey por encima de la melé es que no participa en ningún juego ni interviene. En fin, os cuento todo esto porque es la verdad exacta de por qué don Juan de Borbón luchó conmigo, pero al final lo cuento también ahí. Si hay algún punto que lo diga, léelo, porque es más corto que leerlo.
Locutor 00
A la muerte de Carrero Blanco, el señor Trevijano convence a don Juan para que levante su bandera dinástica contra el nombramiento de su hijo como sucesor de Franco a título de rey. Con esta finalidad, pide a Giscard d'Estaing, presidente de la República Francesa, que lo invita a una cacería como pretexto para realizar en París declaraciones a la prensa, oponiéndose al nombramiento de su hijo como sucesor de Franco. Don Juan declaró al periodista Édouard Belvy, del semanario L'Express, que era propiedad de Sherban Reiber, su voluntad de repudiar el nombramiento de su hijo como sucesor, El señor Trevijano aprovechó esa estancia en París para presentarle en el Hotel Maurice a José Martínez, editor de Ruedo Ibérico, a quien le había financiado el relanzamiento de esa famosa editorial. La prensa española se hizo eco de la presencia de Don Juan en París como la vuelta, la reentré de Don Juan a la política. Durante su estancia en París, Trevijano propuso a Don Juan que hiciera unas declaraciones al periódico Le Monde el día de su onomástica, 24 de junio. De acuerdo con Trevijano, el director de Le Monde, André Fontaine, designó al periodista Marcel Niedergang para que se encargara de realizar dicha entrevista en Estoril, incluyendo en ella los 14 puntos que Trevijano había redactado. A primeros de mayo de 1974, el secretario de Don Juan, coronel de la CUR, llama por teléfono desde Alicante al señor Trevijano para comunicarle que Don Juan anula las declaraciones a Lemón previstas para el 24 de junio. Trevijano le dice que no lo acepta, que es un compromiso con Lemón que ha de cumplir y que estará con Marcel Niedergan el día 23 de junio en Estoril para preparar la entrevista del día siguiente. Dicho día, don Juan recibe al señor Trevijano en el domicilio particular del señor de la CUR. Le comunica que lo han dejado completamente solo y que nadie lo apoya para hacer las declaraciones. Trevijano le pregunta si es para no perjudicar la posibilidad sucesoria de su hijo Juan Carlos. Esta fue su respuesta. De mi hijo, me importa un bledo. En previsión de esta negativa, el señor Trevijano se había hecho acompañar por Rafael Calvo Serer, Javier Vidal, José María Díaz de Aguilar y Gabriel Rincón, cuatro monárquicos incondicionales de Don Juan, para que ellos pudieran dar testimonio de ese momento histórico. Trevijano pide a Don Juan que repita a sus amigos lo que había dicho de Juan Carlos. Don Juan guarda silencio. Trevijano repite entonces lo que don Juan le ha dicho cuando estaban solos, esto es, la negativa de las declaraciones no era por respeto a su hijo, a quien despreciaba, sino porque estaba solo. Ante la existencia de sus amigos monárquicos, admite una posibilidad para hacer las declaraciones, que Trevijano convenza a don Pedro Señor Rodríguez, a cuyo fin les invita a almorzar juntos al día siguiente, 24 de junio. Trevijano acepta con la condición de casista un testigo y propone como tal a don Javier Vidal, casado con una hija de Huarte, de Pamplona. El almuerzo, el día 24 de junio del 74, almuerzo en un restaurante en las afueras de Estoril. Don Juan pide al señor Trevijano que explique a don Pedro las razones por las que debe hacer las declaraciones a Lemón. Apenas transcurrido unos segundos, don Pedro lo interrumpe para decir vaguedades. Trevijano se calla y le dice a don Juan que es inútil, que don Pedro no le escuchará. La escena se repite varias veces con el mismo resultado. El señor Trevijano dice que no hace más el ridículo y que se va. Don Juan le pide que antes de marcharse escuche el breve discurso que don Pedro le ha preparado para esa tarde, en la fiesta de su onomástica. Don Juan le pide a don Pedro que lea el pequeño discurso. Cuando termina, don Juan, ansioso, le pregunta a Trevijano su opinión. Este responde literalmente. Es el discurso típico de un traidor. Don Pedro estuvo a punto de sufrir una apoplejía. Don Juan pide a Trevijano que aclare dónde ha visto la traición y le pide a don Pedro que repita la lectura. Comienza a leer y apenas transcurrido un minuto, Trevijano interrumpe. Ahí está la traición. El discurso decía en ese pasaje. Como titular de la dinastía, me corresponde el deber de vigilar y prevenir que la corona no sea parte del camino de la legitimidad, etc. Y levantándose de su asiento, Trevijano añadió. Yo no almuerzo con traidores. Y se fue. Y apenas andados unos metros en la calle, lo alcanza don Juan, diciéndole, tienes razón, esa frase la suprimo, quiero hablar contigo a solas en casa de Delacour. Trevijano respondió, mejor que no la quite, para que no continúen engañados los 500 monárquicos que acudirán esta tarde a felicitarle. Don Juan lleva en su Volkswagen a Trevijano y ya en casa de Delacour, Don Juan se explaya y le confiesa la verdad. Estoy solo y atacado por mi propia familia. La presión de su familia, mujer e hijas, es insoportable. Sufre continuas vejaciones. Incluso lo dejan sin comida y sin criados. Y la nevera vacía. para que abandone su oposición a Juan Carlos. Se despide de Trevijano diciéndole, eres la única persona leal entre todos los que me han rodeado y tengo la mala suerte de que eres republicano. Y se despidieron para siempre.
Antonio garcía-trevijano
¿He contestado? Sí. Bien, de acuerdo.